Israel Shamir

Ideas that will Derail the descent to Barbarity

El extraño caso de Jared Israel

Traducción de Manuel Talens 
Revisión de Germán Leyens

Los Maestros del discurso no serían lo que son si no fueran tan listos. Mucha gente ha llegado ya a la conclusión de que los medios, los expertos y los políticos nos engañan. ¿Dónde está la realidad? Los Maestros ofrecen un amplio abanico de ardides y explicaciones engañosas de la realidad, a mitad de camino entre la verdad y la mentira, por lo que sólo una lectura cuidadosa permite descubrir la trampa. 

El sitio web Emperor’s Clothes posee todas las cualidades para hacerse pasar por oponente. Está en contra de la política actual de la administración Bush. Suele criticar las arbitrariedades de Israel. Muestra muy bien algunas de las mentiras que impregnan los medios y la política de los políticos en Estados Unidos. Y sólo a veces sus palabras expresan su verdadera tendencia. Una carta de un lector llamado Golub me ha hecho descubrir una de las trampas. 

El reciente intercambio epistolar entre Jared Israel, que es una de las voces más activas de Emperor’s Clothes, y dicho lector [http://emperors-clothes.com/letters/joan.htm] nos ofrece una oportunidad única de ver lo que hay tras esa falsa oposición. El lector le pregunta a Jared Israel si acaso no existiría una conexión entre el eje de la guerra, en torno al cual gira la administración Bush, y el grupo de presión judío. 

De inmediato, la voz de la falsa oposición niega dicha posibilidad: ‘Conozco a muchos judíos y puedo decirle que, con respecto a Israel, la mayor parte de ellos están convencidos de que las consecuencias del 9 de septiembre han hecho que las cosas empeoren en ese país. La mayoría de los judíos estadounidenses no desean la guerra con Irak.’ 

Si tú, lector, eres capaz de creértelo, cualquier día le comprarás a alguien el puente de Brooklyn. La mayoría de los judíos IMPORTANTES de Estados Unidos están de acuerdo con que llegue ese día del juicio final. Entre ellos, Richard Perle, el presidente del Comité de Política de Defensa del Pentágono, que es un antiguo empleado del fabricante de armas israelí Soltam y uno de los que más apoyan la guerra; Paul Wolfowitz, Secretario adjunto de la Defensa; Douglas Feith, un destacado sionista y delegado de un ‘fabricante de armas israelí’; Dov Zakheim, Subsecretario de Defensa; Edward Luttwak, del Grupo de Estudios sobre Seguridad Nacional del Departamento de Defensa en el Pentágono; Lewis Libby, Jefe de Gabinete del vicepresidente Dick Cheney y abogado defensor del ladrón Mark Rich [٭], Robert Satloff, Consejero del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y director ejecutivo del grupo de expertos del grupo de presión israelí Washington Institute for Near East Policy; Elliott Abrams, consejero del Consejo de Seguridad Nacional, y muchos otros. Es evidente que debe haber algunos judíos que estén contra la guerra, pero se callan. 

Veamos: no se trata de una información secreta destapada por oscuros sitios web, sino que es un judío honrado, Philip Weis, quien lo admite en The New York Observer [1]. ‘¿Dónde está la tendencia natural de los judíos a ser liberales?’, se pregunta Weiss, y se responde a renglón seguido: ‘Los liberales se han retirado del debate. La negativa de los judíos liberales estadounidenses a adoptar una posición independiente ha dejado indefensa a la izquierda de este país. El liberalismo estadounidense siempre extrajo su fuerza de los judíos. Los judíos liberales, en sus conversaciones privadas sobre el Oriente Próximo, reconocen su falta de influencia en el gobierno de Israel y también la desesperación de los palestinos, pero, en general, no desean hablar en público de esto con otros ciudadanos de Estados Unidos’. Y concluye: ‘El discurso interno judío se ha ido haciendo cada vez más racista y la prensa judía ha llegado a publicar un ataque contra lo que denomina la plaga de los matrimonios entre árabes y judíos’. 

Ésta es la cara oculta de la primera mentira de Jared Israel. Pero la cosa no termina ahí, porque luego ha de disuadir a sus lectores de que Israel y los judíos de Estados Unidos son quienes espolean a la guerra. Mediante un ejemplo apabullante de desinformación, escribe: ‘ No hay nada peor para Israel que una guerra en el Oriente Próximo. Israel es un pequeño país con fronteras muy difíciles de defender, rodeado por países dominados por musulmanes con una población cincuenta veces mayor. Lo peor para Israel sería una guerra en Irak, porque únicamente inflamaría las llamas del fanatismo musulmán, que se dirigía contra Israel. Si Estados Unidos e Inglaterra llegan a atacar, será Israel quien lo pagará.’ 

Vale, Israel está rodeado por países dominados por musulmanes, pero este ‘pequeño país’, la tercera potencia nuclear del planeta, recibe un apoyo total del ‘país dominado por los judíos’ que, como por casualidad, es la única superpotencia global. Incluso si Jared Israel piensa que la guerra contra Irak es lo peor que le puede pasar a Israel, es probable que se esté refiriendo a un Israel distinto, puesto que todos los políticos importantes del estado judío, sus primeros ministros, sus ministros de defensa y sus portavoces, tanto oficiales como no oficiales, claman por la guerra en público y en privado. Victor Ostrovsky, un antiguo agente del Mossad, les preguntó a sus superiores por qué estaban haciendo lo posible para que hubiera una guerra entre Estados Unidos e Irak [2] y la respuesta que le dieron fue que Israel no tiene ni la mano de obra ni los portaaviones para ocuparse de hacerlo por sí mismo. La primera declaración que hicieron Ehud Barak y Bibi Netanyahu el 9 de septiembre fue exigir la destrucción de Irak ‘seguida por la de Irán y Libia’. Ariel Sharon no cesa de exigir la guerra e incluso acaba de ir a Moscú para buscar el apoyo del presidente Putin. 

Sí, es cierto, la guerra va contra los verdaderos intereses de los judíos que viven en Israel, pero nosotros no tenemos voz: nuestros políticos están completamente integrados en el establishment judeoestadounidense, tienen el apoyo económico de los judíos de allí y bailan al son de su violín. Nuestros auténticos intereses únicamente serán respetados el día en que los judíos de Estados Unidos pierdan la posición de poder en el discurso de ese país. 

La tercera mentira de Jared Israel es incluso más descarada: ‘Si Estados Unidos e Inglaterra llegan a atacar, será Israel quien lo pagará.’ Eso no tiene sentido alguno, porque Israel NUNCA paga. Haga lo que haga, ya se trate de la reanudación de los violentos ataques del ejército contra los palestinos, de los asentamientos en los territorios ocupados o del asesinato de niños, todo eso lo paga la gente de Estados Unidos y Europa. Pagaron por la retirada israelí del Líbano y de una parte de las alturas del Golán, pagan ahora la comida de los palestinos hambrientos y pagarán por cualquier ‘acuerdo de paz’ que Israel se digne firmar. Cuando los miembros del ‘clan pacifista’ israelí promueven la idea de alguna compensación para los refugiados palestinos, nunca se les ocurre ofrecer nada que pague por las tierras robadas y por las casas en que viven. Siempre anteponen una condición: ‘Será la comunidad mundial la que pague’. Tampoco son los judíos de Estados Unidos quienes pagan los gastos de Israel, no son tan tontos. Los judíos estadounidenses compran a sus políticos o los amenazan con el olvido, a menos que paguen con el dinero de los gentiles. Y si no pueden hacerlo por motivos políticos, buscan el dinero de los gentiles alemanes o suizos para pagar las facturas. 

¿De qué manera puede el lector darse cuenta de las intenciones ocultas de un mentiroso con cara de póquer? Es preciso que se fije en algunos signos inequívocos: llama ‘nazi’ a todo el mundo, desde los hermanos Dulles al vecino de al lado; invoca sin ninguna necesidad el holocausto judío y, cada vez que alguien lo pone entre la espada y la pared, se saca de la manga las teorías de la ‘conspiración’. Jared Israel le escribe a su lector: ‘Si usted considera que existe una conspiración israelí por el solo hecho de que Fleischner sea judío, ¿por qué no formaría yo parte de otra, puesto que también lo soy?’ Bueno, eso mismo fue lo que dijeron todas las lumbreras judías de Estados Unidos y de Israel, desde Foxman a Barak, cuando imploraron a Clinton que perdonara a su compinche Mark Rich. El escritor judío estadounidense Norman Finkelstein, que sí tiene las ideas claras, observó entonces: ‘Si los líderes judíos actúan al unísono, ¿acaso deberíamos nosotros cerrar los ojos con desesperación y decir entre sollozos, ¡oh, no, no puede ser!, so pena de que nos consideren ‘teóricos de la conspiración?’. Hablando en plata, sí, señor Jared, usted forma parte de la conspiración judeosionista, pues les proporciona a los instigadores judíos de la guerra el camuflaje que tanto necesitan. 

Está muy bien que Emperor’s Clothes se oponga a la guerra. Está bien que no apoye el esfuerzo bélico del grupo de presión judío, pero eso no vale absolutamente nada si no se alza contra los auténticos instigadores de la guerra, que no son ni el mentecato de la Casa Blanca ni tampoco el Pentágono, sino el establishment judío de Estados Unidos, los judíos importantes, con la ayuda del silencio de los liberales. Fue el distinguido filósofo judío canadiense Michael Neumann quien expresó una vez nuestra única esperanza: ‘Más tarde o más temprano, los grandes hombres blancos de Estados Unidos se darán cuenta de cuáles son sus auténticos intereses y se rodearán de un nuevo personal que escriba sus discursos y los aconseje. Ese día, los judíos pasarán de moda.’ 


[٭] El multimillonario Mark Rich, fugitivo de la justicia estadounidense durante casi veinte años tras haber huido a Suiza en 1983 para escapar a las acusaciones de evasión fiscal, fraude y operaciones ilegales con Irán, recibió el perdón presidencial de Bill Clinton el año 2000. Se da la circunstancia de que había contribuido con grandes sumas de dinero tanto a la campaña electoral del presidente como a la de su mujer, Hillary Clinton. La decisión fue duramente criticada por ex presidente Jimmy Carter. (N. del T.) 

[1] ‘Holy or Unholy, Jews and Right in an Alliance’, The New York Observer, 3 de octubre de 2002 [http://www.observer.com/pages/story.asp?ID=6336] 

[2] Victor Ostrovsky, The Other Side of Deception: A Rogue Agent Exposes the Mossad’s Secret Agenda, HarperCollins Publishers, Inc. (Nueva York) 1994, 315 páginas. 

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