Israel Shamir

The Fighting Optimist

La flor de tres pétalos

En el mapa multicolor de Hans Buenting (1581), nuestro mundo parece una flor; sus tres pétalos muestran los tres continentes: Europa, Asia Occidental, África, unidos por Tierra Santa. El mapa permite también una lectura diferente: la flor es la fe de Cristo y Nuestra Señora, y los tres pétalos son el Islam, el catolicismo y la ortodoxia. Mientras los occidentales prefirieron ver al Islam como una antitesis del cristianismo, los cristianos orientales, especialmente San Juan Damasceno, consideraban al islam como otra iglesia cristiana, a la par con la iglesia católica occidental. Por cierto, el islam, con su veneración de Cristo y María no está más lejos de la ortodoxia que los calvinistas iconoclastas, enemigos de los prelados y que no reconocen a  nuestra Santa María. Las tres iglesias ofrecen lecturas diferentes de un mismo concepto : la ortodoxa enfatiza sobre la Resurrección de Cristo, los católicos se focalizan sobre el Crucificado, y los musulmanes siguen al Espíritu Santo. El rechazo de los ortodoxos al Filioque [“y en nombre del Hijo”] establece un vínculo adicional entre ellos y el islam; además esta proximidad teológica está anclada en la vecindad geográfica

Esta visión del islam como la tercera gran iglesia de nuestro oikoumene es básica para nuestra comprensión de la guerra de Medio Oriente. Por cierto, hay muchas maneras de interpretar el conflicto: economía política, demografía, geopolítica y teoría racial ofrecen sus interpretaciones a veces conflictivas entre sí. El problema es que ninguna funciona muy bien. El fuerte sentimiento de que el problema exige una explicación derivada de la religión encontró su expresión en la doctrina del “Choque de civilizaciones” de Huntington, que posiciona al “Islam contra el cristianismo” como una repetición de las cruzadas medievales. Su aplicación vulgar, pedestre, puede ser encontrada en todos los periódicos occidentales dominantes desde el New York Timeshasta el imperio de Berlusconi, llevada al extremo por Oriana Fallaci y Ann Coulter. 

Pero el conflicto entre las tres grandes iglesias ya es cosa del pasado – para bien o para mal, los nobles caballeros con capas rojas sobre armaduras relucientes no volverán a cabalgar sobre los montes de Palestina o los campos del Poitou gritando  “¡Lumen Coeli!” a los igualmente nobles y valerosos sarracenos con su estandartes verdes. Sus áreas de influencia están bien establecidas, y  sólo subsisten pequeños conflictos fronterizos y la rivalidad en la caza de almas para mantener despiertos a  los valientes. No existe ninguna “amenaza islámica al catolicismo” o  “amenaza católica a la ortodoxia”, aunque mucha gente suponga lo contrario. 

Los cristianos ortodoxos de Grecia y Rusia, de Palestina y Siria comparten plenamente los puntos de vista de los musulmanes y son igualmente hostiles a la invasión estadounidense. Los intentos de inculcar sentimientos pro-estadounidenses en Moscú y Atenas fracasan invariablemente. “Sus puntos de vista [ortodoxos] parecen tener más en común con la opinión pública en El Cairo o en Damasco que con Berlín o Roma”, admitió The Wall Street Journal. No hay más que decir sobre el estúpido concepto del conflicto entre la Cristiandad y el Islam. Desde mi punto de vista, y así se entenderá a continuación, “ el cristianismo” incluye al Islam y a las grandes Iglesias Apostólicas de Oriente y Occidente. 

La teoría de Huntington, aunque errónea, se basa en los profundos fundamentos de la teopolítica, una palabra desconocida en el diccionario de Word de Microsoft, pero introducida por Carl Schmitt. Es difícil situar a este gran pensador, porque lo consideran uno de los suyos tanto los nazis como los neoconservadores, los deconstruccionistas y los antiglobalistas, pensadores tan diferentes como Leo Strauss y Giorgio Agamben, Huntington y Derrida. En la visión de Schmitt “todos los conceptos más preñados de significado de la doctrina moderna son conceptos teológicos secularizados”. 

La doctrina de la “democracia liberal y los derechos humanos” portada por los marines de EE.UU. hasta a través del Tigris y el Oxus es una cripto-religión, una forma extremadamente herética del cristianismo judaizado. Alexander Panarin, un filósofo político ruso moderno (fallecido) intuyó el carácter anticristiano de la doctrina estadounidense. “La nueva visión estadounidense de Bienes decontextualizados y sus Consumidores desocializados es un mito pagano”; en su visión la doctrina de EE.UU. representa una recaída al mundo pagano. 

A mi juicio, la nueva religión puede ser llamada más bien neojudaísmo; sus adeptos imitan actitudes judías clásicas; los judíos actúan a menudo como sacerdotes de una nueva fe y son considerados sagrados por sus adeptos. Por cierto, mientras queman mezquitas en Holanda y las iglesias son arruinadas en Israel, no surge  ninguna emoción comparable con las que se movilizan cuando se descubre un graffiti sobre la pared de una sinagoga. EE.UU. clasifica a sus aliados según su actitud hacia los judíos. El Templo del Holocausto (“Museo”) se encuentra junto a la Casa Blanca. El apoyo al Estado judío es un sine qua non para los políticos de EE.UU. 

Cualquier puede convertirse en uno de los “elegidos” de la nueva fe – si lo desea; el Pacto más reciente admite tanto a gentiles como a judíos; venera a Mamón, desdeña la Naturaleza, el Espíritu, la Belleza, el Amor; siente que perteneces a una raza aparte, demuéstralo mediante un cierto éxito en este mundo – y ya formas parte de los elegidos. Por otra parte, todo judío puede abandonar el neojudaísmo sin ningún tipo de tara ni virtud biológica. 

Por otra parte, hay un fuerte sentimiento de continuidad entre el paleo-judaísmo y la versión más reciente. El Estado judío constituye la prolongación del miedo judío paranoico y su odio hacia el extraño, mientras que las políticas cabalísticas del exotéricos  son otra manifestación del mismo miedo y odio a escala global. Las ideas del neojudaísmo fueron formadas por el nacionalista judío Leo Strauss, e impulsadas por escritores judíos del New York Times. Existe un proyecto de proveer al neojudaísmo con nuevos ritos mediante la construcción de un nuevo Templo de Jerusalén en el lugar de la Mezquita Al Aqsa. 

El neojudaísmo es la fe extraoficial del Imperio de EE.UU., y la guerra en Medio Oriente es ciertamente la Yihád neojudaica.  Lo intuyen millones de gentes: Tom Friedman del New York Times escribió que los iraquíes llaman “judíos” a los invasores estadounidenses. El neojudaísmo es el culto al globalismo, al neoliberalismo, a la destrucción de la familia y la naturaleza, es antiespiritual y anticristiano. 

Es también un culto antisocial de mercaderización, alienación y desarraigo; de lucha contra la sociedad cohesiva, la solidaridad, la tradición – en breve, la lucha contra los valores defendidos por las tres grandes Iglesias. Como la iglesia ha perdido su posición en Occidente, los adeptos del neojudaismo consideran que el cristianismo occidental está casi muerto y lo combaten por medios incruentos a través de su ADL, ACLU y otros organismos anticristianos. Village Voice llama a Bush “el cristiano”, The New York Times escribe sobre abusos de niños por clérigos, Schwarzenegger derriba una iglesia en The Last Days: es el frente occidental de la Yihád neojudaica. 

Pero el islam es el último gran depósito de espíritu, tradición y solidaridad, y los neojudíos lo combaten con todo el poder de fuego a su disposición. Hay que aplastar al islam si se ha de erigir el Templo Neojudío en lugar de Al Aqsa. El islam es la fe dominante entre los vecinos y enemigos de Israel. El islam tiene un papel histórico en la defensa de Palestina, la pieza central en la flor de tres pétalos, es el depositario de la pre-tradición unida vaticinada por Guénon. Carl Schmitt observó “el gran paralelo histórico” entre nuestros días y los días de Cristo. Por cierto, la guerra contra los palestinos es interpretada a menudo como un nuevo intento de los [neo]judíos y los adoradores de Mammón de crucificar a Cristo en Su tierra. Guénon consideró que la modernidad (representando al Kali Yuga o la edad sombría) terminaría con la aparición del Anticristo y el fin del mundo. Por lo tanto la guerra contra el islam es una etapa de la última guerra, la Guerra contra Cristo. 

A un nivel más profundo, metafísico, se da una lucha entre dos tendencias: un poder que ensalza juntos al cielo y la tierra, devolviéndole la sacralidad al mundo; y un poder que trata de separarlos, profanando la tierra. El poder unitivo está representado por la imagen de Cristo en brazos de Nuestra Señora. El otro, el que divide, el gran profanador, va más allá de los judíos. Pero ellos le dan todo su apoyo, pues en su opinión el mundo que está fuera de Israel (en el sentido de Divina Persona, no solamente el Estado) debería ser un mundo profano y sin Dios. Por esto las empresas de los neojudíos tienden hacia la profanación del mundo, y, a otro nivel, a “liberar” a la gente de las limitaciones impuestas por la sociedad y por Dios, con vistas al triunfo del individualismo.

 

II

 

Ahora, una vez diagnosticada la enfermedad (el neojudaísmo como nueva religión y el Medio Oriente como la sede del Yihád)

 podemos intentar la curación. El punto central de esta guerra no es el campo de batalla de Falluja, sino la batalla por el control mental, la que se libra con ideas: ¿cuál será el vencedor: Cristo o el Anticristo? Esta cuestión no la dilucidará la fuerza de las armas sino nuestra habilidad para derrotar al enemigo en el discurso. Ustedes, lectores míos y camaradas, son una unidad de combate, una elite, en el ejército espiritual; tienen que poner a descubierto al enemigo y pegarle duro..

Es posible combatir una religión, especialmente el neojudaísmo que es una forma extrema de la herejía. Deberíamos destapar sus raíces religiosas, profanar su herencia sagrada, ridiculizar sus conceptos, mostrar sus crímenes a plena luz. Cuando los predecesores del neojudaísmo empezaron su combate contra la Iglesia, se burlaban de sus dogmas. Desde este punto de vista, el actor muy bien plantado Dieudonné ha hecho lo que correspondía para detener la Yihád..

Guenon consideraba la Reforma protestante como la caída, el principio de Kali Yuga; luego el neojudaísmo es lo que la completa, el extremo de la Reforma donde el cuerpo reformado se convierte en algo totalmente opuesto a lo que existía antes de la Reforma. En cierto sentido, nuestra tarea es la Contrarreforma, y nuestra bandera es Nuestra Señora, tan “majestuosa como tropas con bandera” (SS 6:4). Schmitt también consideraba a Santa María como el símbolo cultural y religioso más importante, aunque no conocía su conexión con el Islam.

La tendencia judaica que surgió en el cristianismo con la Reforma, (o, siguiendo a Dugin, con la desviación de la Iglesia romana, que se apartó del credo de Nicea) está floreciendo últimamente dentro del neojudaísmo. Esta religión es vulnerable porque no es una fe universal. Como su predecesor, el (paleo) judaísmo, se trata de una religión para elegidos; esta vez se trata de los elegidos por Mammón, y detrás de él vemos al gran profanador, al Anticristo. Los elegidos son unos pocos; el resto se deja guiar por la herejía, en contra de sus intereses propios. 

El profesor de California Kevin McDonald escribió con harto asombro: “las elites adineradas y poderosas no toman en cuenta, o no valoran , sus propios intereses étnicos. Siguen actuando en el sentido de la subversión de los intereses étnicos de su propio pueblo… Un motivo puede ser que estos occidentales de la elite son capaces de vivir en comunidades cercadas, aisladas del resto del mundo, ignorando completamente a los familiares de su propio etnos”. No lograba comprender que estas modernas “elites europeas poderosas” compiten con las actitudes judías tradicionales : viven en “comunidades cercadas”, de la misma forma que los judíos vivían en ghettos; [históricamente, el ghetto judío era una “comunidad cercada” privilegiada, a semejanza de la colonia europea en la Shanghai precomunista, escribió Jabotinski] y ellos no consideran al pueblo común como miembros de su raza. Este es el camino jeojudaico del éxito, pues los neojudíos no tienen parientes, ni patria tampoco.

Una imitación pocas veces resulta tan exitosa como el original. El poeta sufí Rumi relata la historia algo “bizarre” de una criada que era de lo más feliz copulando con un burro, pues practicaba con una berenjena para que el enorme tamaño del animal resultara adecuado a sus humanas dimensiones. Su ama descubrió sus andanzas y decidió copiarla; pero no supo valerse de la berenjena mágica, y resultó herida de muerte a la primera tentativa. De modo comparable, los neojudíos no se enteraron de que los judíos reales prestan apoyo firme a sus allegados; sólo se fijaron en los aspectos externos del comportamiento judío, es decir su manera de desatender la sociedad indígena en la que se mueven. Por esto es que les tocará padecer como al ama necia de la criada astuta: y les tocará la decadencia y la culpa de ser los destructores de su mundillo, pues no tienen dónde apoyarse. 

La observación de McDonald se puede interpretar como el reconocimiento de la traición del pueblo por las elites. Esto es correcto: mientras que la Unión Soviética se derrumbó como resultado de la traición de las elites, en estos momentos está teniendo lugar un proceso semejante en Occidente. En la guerra contra el islam les va muy mal a los Estados Unidos y a Israel porque las elites indígenas locales se hallan movilizadas por su Iglesia para que no respalden una traición completa. Pues en Dar al Islam, la traición no es algo que se estile, algo bien visto, “comme il faut”. Debemos separar a los elegidos de los equivocados, pero para empezar debemos romper algunos de los anillos defensivos con los que se atrincheran los enemigos. El anillo defensivo más externo del neojudaísmo es su denegación de ser una religión. Esta argumentación la usaba el comunismo, y es precisamente la que acabó con él. El segundo anillo defensivo es el presentar la religión como “una cuestión privada”, que no tiene que ver con lo demás. Así , esta Yihád difiere de la noble Yijad del Profeta Mamad; en vez de proclamar su fe, los neojudíos tratan de imponerla a traición. Y el tercer anillo lo adorna la bandera falsa de la “cristiandad” según Bushito II.  

Hasta ahora, el neojudaísmo ha ganado porque ha derrotado a sus enemigos uno tras otro; ahora nos corresponde unirlos  nuevamente. En términos cabalísticos, deberíamos recoger las chispas divinas que resultaron derramadas por el ancho mundo cuando se rompieron los bajeles, por exceso de luz divina (Shevirath Keilim). En este proceso debemos reconocer las fuerzas positivas [las que convergen hacia Cristo y Nuestra Señora], que están presentes en distintas tendencias de nuestro oikoumene y unirlas, al mismo tiempo que deconstruimos los proyectos enemigos..

La ruptura derecha izquierda la impuso el enemigo. Tenemos que superarla. Ver el mundo según esta dicotomía supone un mundo unidimensional, mientras que nuestro mundo tiene varias dimensiones más. El análisis de las prácticas judías muestra que los los judíos no sobrestiman la distinción entre derecha e izquierda; el dirigente del partido de izquierda Meretz, Yossi Sarid, alabó al líder asesinado del partido judeonazi Rahavam Zeevi. Israel no es ninguna excepción, pues los judíos rupublicanos más militantes, los neocon, han expresado su intención de cambiar de bando y convertirse en neoliberales en el caso de una victoria de Kerry. 

Véase por ejemplo : Going Back Where They Came From , by Patrick J. Buchananhttp://www.antiwar.com/pat/?articleid=2371: “Si tenemos que hacer causa común con los liberales más cercanos a los halcones, y combatir a los conservadores, por mí, adelante”, escribió William Kristol en el New York Times. El editorialista del Weekly Standard añadió que los neoconservadores podrían abandonar todos juntos a la derecha, y convertirse al neoliberalismo. Y acotó Kristol, precisando sus preferencias políticas : “Pondré a Bush por encima de Kerry, pero a Kerry por encima de Buchanan… Si lee usted las páginas más recientes del Weekly Standard, verá que tiene más puntos en común con los liberales que con los conservadores.

Sí, claro, pero en la medida que John Kerry apoya el aborto voluntario, las cuotas de minorías, las tasas elevadas, las uniones homosexuales, la presencia de los liberales en la Corte Suprema, y recibe los votos de gente que está a la izquierda de Teddy Kennedy, ¿cómo es posible que Kristol lo prefiera en lugar de otros conservadores? La respuesta es: por la guerra y por Israel. 

Nuestra respuesta es más compleja. La izquierda y la derecha son posiciones en el eje social, no pueden ser referencia en otros campos, por muy importantes que se consideren. Hay otros dos ejes, el eje del espíritu, y el eje de la tierra, que se pueden llamar Eje de Cristo y Eje de Nuestra Señora. Unidos forman la cruz tridimensional descrita por Guenon en su Simbolismo de la Cruz. Nuestros enemigos son capaces de formar uniones por encima de la división izquierda-derecha porque les une la negación de Cristo y el rechazo a Santa María. De la misma forma, deberíamos ser capaces de unirnos con otra gente que comparte la fe en el espíritu y en la tierra, a pesar de enfoques diferentes en el campo de lo social.

Si nos referimos al Eje del espíritu, hay una dicotomía entre las creencias abarcadoras de los tres grandes credos; y los cultos exclusivistas.”La religión no es un asunto privado para individuos con aficiones espirituales”, escribió Panarin; “la Iglesia es garante de los valores, es una autoridad alternativa y superior, que se yergue por encima de los cambiadores de dinero. Debe ser poderosa para apartar del mercado a la belleza femenina y al amor, a las convicciones y a la tierra.”Por esto es que nuestros enemigos combaten las tres Iglesias sin escrúpulos. En una sociedad moderna, uno puede decir lo que le da la gana acerca de las Tres Iglesias, pero no debe decir nada más que cosas buenas acerca del judaísmo, el prototipo del neojudaísmo. 

“La práctica judía  sagrada de matar a los niños”: nunca encontrarán ustedes un artículo con semejante título en nuestro mundo jineteado por el supuesto antisemitismo, a pesar de los centenares de niños palestinos masacrados por judíos en los últimos años. Sin embargo, encontrarán en un prominente magazine judío:

“La práctica musulmana sagrada del degüello (The Sacred Muslim Practice of Beheading, By Andrew G. Bostom, FrontPageMagazine.com | May 13, 2004):

reacciones a la decapitación grotesca y yijadista de otro « judío infiel » ; el caso de Mr Berg ha revelado que nuestra intelligentsia está peligrosamente desinformada, o simplemente deseosa de no enfrentarse con esta fea realidad : estos asesinatos coinciden plenamente con prácticas sagradas del Yihád, así como las actitudes islámicas hacia todos los infieles no musulmanes, en particular judíos, lo que se está estipulado desde el siglo VII, y reafirmado por el propio ejemplo del profeta Mamad”.

Cualquier ataque a las Tres Iglesias y a sus imágenes sagradas está permitido, hasta aquél tan feo que quisieron utilizar los estudiantes judíos franceses de la asociación UEJF. En Francia, los tribunales aceptan las demandas judías para acallar las campanas; la cuestión del velo islámico es otro ejemplo conocido de lo mismo. En Palestina, la semana pasada, la policía allanó la catedral anglicana y sacó de allí a Mordejai Vanunu, que estaba refugiado en ella. Deberíamos movilizar a las Iglesias y defender su espíritu.

El comunismo fue una tentativa para crear una nueva cristiandad abarcadora, pero sin Cristo. A pesar de que algunos pensadores de derecha insisten en el supuesto “origen judaico del comunismo”, se trataba de una ideología antijudaica y ecuménica. Lamentablemente, aplicaron la navaja de Occam con excesiva saña, y murieron de hemorragia sus epígonos. Deberíamos aceptar a los sobrevivientes del derrumbe y darles cabida en nuestras filas.

Si nos referimos al Eje de la tierra, hay una diferencia entre autóctonos y vagabundos. Yuri Slezkin propuso llamarlos apolíneos y mercurianos, pues “la sociedad apolínea consta de labradores, guerreros y sacerdotes, mientras que los mercurianos son los mensajeros, mercaderes, intérpretes, guías, curanderos y artesanos u otros viandantes y brincadores de fronteras” [1].Compara esta distinción con la dicotomía judíos-gentiles, y advierte : “Los judíos son mercurianos, mientras los gentiles son apolíneos. En el mundo moderno, todos nosotros nos hemos vuelto más mercurianos, más judíos, si se prefiere, y los mercurianos tradicionales, es decir los judíos, son mejores que nadie en este papel.”

Naturalmente, esto de “todos nosotros” del profesor Slezkin son sus colegas de Berkeley y Moscú, no tanto los peones de California o los campesinos rusos. Con esta corrección su tesis podría reformularse así : el que quiera triunfar en la era de Kali Yuga  tiene que adoptar las cualidades judías y convertirse en un neojudío. Estas cualidades judías según Slezkin son “la movilidad, no descansar jamás, el desarraigo, la habilidad para permanecer ajenos al entorno, no metiéndonos en las peleas, no compartiendo la comida, sino solamente fabricando, intercambiando, vendiendo y posiblemente robando, tanto cosas como conceptos”. Permanecer ajeno implica carecer de compasión; no compartir la comida implica no compartir la fe, no meterse en las peleas significa sacar provecho de las guerras de otros, y el desarraigo conduce a la tendencia a desarraigar a los demás.

Por cierto, los neojudíos carecen de compasión, se benefician de las guerras en que sangran otros, son desarraigados y desmadrados; es un ideal descrito por Jacques Attali quien busca un mundo forjado por modernos nómadas desconectados de sus raíces y de cualquier suelo patrio. Deberíamos devolver a los mercurianos a su posición modesta en los márgenes de la sociedad. 

Estas cualidades no son cuestión de raza; pues Karl Marx, Simone Weil, Ludwig Wittgenstein y Otto Weininger son buenos ejemplos de nuestros camaradas en armas que aportaron instrumentos útiles para nuestro discurso moderno antijudaico. Demostraron que la tendencia judaica es ideológica y teológica, nada que ver con la raza biológica. La inmensa publicidad, lindando en una promoción, que le hicieron los medios judíos a los crímenes de Hitler, es un instrumento para ocultar esta distinción ; el antisemitismo biológico, fea rama torcida que se desarrolló al margen del multisecular combate contra el espíritu judaico, se nos presenta como si fuera la regla.

A partir del momento en que rechazamos el racismo, también debemos rechazar el antirracismo, pues hoy en día se trata de una palabra en clave para sustentar una actitud extremadamente hostil a lo autóctono. En vano los amigos de Palestina han tratado de utilizar este concepto en su lucha por la igualdad en Palestina/Israel. A pesar de que cada idea puede ser usada en varias acepciones, al antirracismo lo han desvirtuado en la guerra neojudaica contra las sociedades autóctonas cohesionadas. Lo usarían hoy en día contra Cuahtémoc o Boadicea, lo están usando ya contra Mugabe. El antirracismo es una denegación del derecho del autóctono a decidir sobre su destino; es un instrumento para divorciar al hombre de su paisaje natal. Este concepto le resta legitimidad a los que se oponen a las marejadas de inmigrantes y a los factores que arruinan la ingeniería social. 

Teófilo de Obla notó que “el concepto del antirracismo contemporáneo y los derechos humanos no tiene nada que ver con los  principios para luchar contra la exclusión o la protección de la persona humana. Por lo contrario, en nombre de la inclusión, de la disolución en el todo informe, se manejan como el tope de la cultura dominante”. 

El Holocausto [judío] es un shibboleth [2], una contraseña para los nuevos elegidos. Tiene una función social, se usa para arrojar sospechas sobre las mayorías nativas tradicionalistas: mientras no se las desarme, se las transforme en “sociedades abiertas”, mientras no se logre socavar sus instituciones estatales,  privatizar su economía y venderla a las compañías gringas, se les considera encaminadas a realizar el próximo holocausto. Panarin, con pensamiento social, escribe : “cualquiera que acepte el Holocausto como el evento histórico más importante, es capaz de llevar adelante la guerra civil contra la mayoría tradicionalista y se convierte en miembro del grupo de los globalistas”. Pero el Holocausto también tiene un valor teológico porque es el acontecimiento ofrecido a los creyentes como sustituto de la Crucifixión .

El mantra de los derechos humanos es un elemento importante del neojudaísmo. Está siendo utilizado para socavar los intereses de la sociedad. Los neojudíos han heredado de su antepasado ideológico medieval una visión particular de la sociedad como sociedad huésped, sociedad a la que no pertenecen, sino que se alimentan de ella. Hay una contradicción real entre los derechos de semejantes individuos y el derecho de la sociedad; el neojudaísmo deslegitimiza los derechos de la sociedad huésped, con ahínco. Por esto, el derecho de un Chodorkovsky o de un Berezovsky a vender su compañía petrolera a los intereses occidentales es más importante que el derecho de la sociedad rusa a garantizarle a cada uno de sus miembros la calefacción en invierno. El derecho de un chulo a importar pornografía o a exportar mujeres a los lupanares es más importante que el derecho de una sociedad a proteger a sus mujeres o a su moral.

 

Conclusión

 

El Estado judío de Israel se ha convertido en el pendón del enemigo, y debe ser desmantelado. Los ciudadanos judíos israelíes están desgarrados entre dos lealtades : lealtad hacia la tierra y lealtad hacia el pueblo judío. Esta segunda lealtad les impide convertirse en palestinos; no puede ser de otra forma. Aprobamos a los ciudadanos israelíes que han solicitado ante la Corte Suprema que se deje de designarles administrativamente como judíos: para gente básicamente no religiosa esta palabra se ha convertido en sñuelo de lealtad hacia la judería mundial. Su destino está unido al de sus hermanos los palestinos nativos  que les aceptarán. Un pequeña minoría ultra ortodoxa de judíos presionistas en Palestina ha demostrado su adhesión a la tradición; se les debería proteger como vestigios y testigos, y que los poderes espirituales se hagan cargo de su porvenir.

Los palestinos son el epítome de los pueblos autóctonos que se encuentran desarraigados por los judíos inmigrantes. Son el último katechon, en términos de la segunda Carta de San Pablo a los Tesalonianos, la última defensa de nuestra heredad  sagrada, los guardianes de la tradición holística antes que esta se dividiera entre las tres Iglesias. Son las víctimas paradigmáticas del desplazamiento : el pueblo trabajador que es marginalizado y remplazado por los mercenarios del trabajo. Por esto la guerra en Palestina es nuestra guerra, según tres ejes a la vez : guerra de los autóctonos contra el poder desarraigador, guerra de las Iglesias ecuménicas contra los enemigos de Cristo, guerra de campesinos y trabajadores, guerreros y sacerdotes contra los que manejan el dinero. También se trata de una guerra simbólica : el neojudaísmo ganará a escala global o perderá, igualmente, a escala global. Esta es la guerra más decisiva del siglo, y su desenlace decidirá sobre el futuro.

 

[1] The Jewish Century, Princeton University Press, 2004http://www.alumni.berkeley.edu/Alumni/Cal_Monthly/November_2004/QA-_A_conversation_with_Yuri_Slezkine.asp

 

[2] “shibboleth” es una palabra que permite identificar a alguien como miembro de un grupo “en la movida”; su función es a la vez excluir e incluir : una persona cuya manera de hablar se reconoce como violación del shibboleth es identificada como outsider y en el acto se encuentra excluida del grupo.

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