Israel Shamir

Ideas that will Derail the descent to Barbarity

No digamos que se trata del Fatah

Los palestinos son la gente más libre de la tierra. Lo acaban de demostrar, una vez más, al abrir las infames cámaras de tortura de Dahlan http://www.spiegel.de/international/world/0,1518,489898,00.html  y liberar a los prisioneros que allí estaban presos, al devolver a sus amos judíos los canallas entrenados por la CIA. Me siento orgulloso de esta victoria única y suya: los americanos no logran librarse de Guantánamo y las demás cárceles USianas llenas de millones de presos (son más que en el GULAG del viejo Pepe Stalin); los ingleses no logran desarmar sus cámaras de vigilancia; los saudíes no logran echar a sus gobernantes de manos atadas a la CIA. Pocos pueblos han logrado echar abajo la maquinaria del miedo y la opresión, aplastar a estos clones de la GESTAPO que proliferan como hongos con el nombre de fuerzas de seguridad en el mundo entero. En la futura Palestina, la caída de la Prisión de Seguridad Preventiva de Gaza se celebrará de la misma manera que los franceses celebran la caída de la Bastilla.

 

Esta es la victoria del pueblo sobre la opresión. Más aún, es la victoria de la ley sobre la falta de ley, pues Palestina tenía y todavía tiene un gobierno suyo y legítimo, mientras que el aparato de seguridad canalla intentó colocarse a sí mismo por encima de la ley. Una auténtica victoria popular, pues se dio sin venganza ni derrame inútil de sangre. Los medios israelíes le sacaron el jugo al caso de los 60 hombres de la seguridad que pidieron la protección israelí, pero en realidad, incluso dentro este número (pequeño, como quiera que se mire) la mitad pidió volver a Gaza. Sabían que no habría venganza, ni cacería contra ellos, ni noche de los  cuchillos largos, ni juicios estilo moscovita para los luchadores de Fatah vencidos: ganó el pueblo, no hay guerra civil, no hay  baño de sangre, han perdido los bandidos de la guardia pretoriana, y ahora se les ofrece una oportunidad para intentar volver a ser hombres.

 

Magnanimidad, generosidad, sentimientos fraternos son las marcas de fábrica de esta revolución popular. Al tratar de sembrar la discordia, como siempre lo hacen, los medios oficialistas presentaron esta gloriosa revolución como una victoria de Hamás contra Fatah. , Pero esto es exagerado. La gente de Gaza peleó contra las bandas de Dahlan, contra los criminales desalmados que intentaron establecer su ley de fuerza y violencia. . Los lectores de Tolkien[1] recordarán la batalla de Bywater, donde los hobbits libres aplastaron y arrojaron a los delincuentes de Sharkey lejos del condado. Estas bandas eran los subproductos de un gobierno anterior siniestro; el Saruman israelí los había colocado en ese puesto, y su derrota no era más que una cuestión de tiempo. Pero Dahlan no es Fatah; ni tampoco lo es Mahmud Abbas, coronado por USA e Israel como el rey del bantustán de Ramalá. Marwan Barguti sí es el verdadero Fatah, todavía enjaulado en el GULAG judío, como lo son otros hombres admirables y excelentes combatientes que supieron honrar el nombre de Palestina desde la batalla de Karameh hasta la Intifada. Ellos son el verdadero Fatah, y nadie les puede quitar su lugar en el panteón de las glorias de la revolución palestina.

 

Conozco a los luchadores de Fatah; me encontré con ellos en sus aldeas de las colinas palestinas, descansando breves momentos después de muchos años de prisión y exilio. Gente grande, que estaban tan asqueados por la rendición vergonzosa de Abú Mazen ante el diktat israelí USiano como cualquiera. La victoria del pueblo de Gaza tal vez los impulse para hacer una gran limpieza interna, para poder volver a sus propias tradiciones revolucionarias. Dahlan y Rajoub, estos bandidos de la seguridad y sus aliados políticos, Abú Mazen y Saeb Erekat, se robaron, mejor dicho, privatizaron el nombre de Fatah, de la misma forma que los jefes del KGB habían privatizado el comunismo, y las elites judeo-mamonitas privatizaron la libre empresa, que fuera el ideal de los padres fundadores de América. No dejemos a ningún combatiente  del Fatah sentirse abrumado por la derrota de Dahlan. Incluso, pueden seguir la corriente y librarse de los lobizontes que usurparon el nombre de Fatah para servir al
Shin Bet[2].

 

Jonathan Steele nos recordó justamente (ver  http://www.guardian.co.uk/comment/story/0,,2108820,00.html ) que “el armar a insurgentes contra gobiernos elegidos es una vieja técnica de la tradición USiana, y no es ninguna casualidad  que sea Elliott Abrams, vice consejero para la seguridad nacional y evidente arquitecto el que está detrás del operativo de la subversión contra Hamás.   Anteriormente  había sido, en su momento, un actor clave en el suministro de armas a los “Contras” que instrumentó Reagan contra   la revolución nicaragüense  en los años 1980.

 

.

Pero aquellos contras, presentes, como dotados de ubicuidad, en cada revolución, Chuanes en Vendée cuando la Revolución francesa, cosacos del Don (los contras de la revolución rusa), la Unitá de Savimbi, que eran los “contras” de la revolución angoleña, tenían algo de verdad de su parte, y reflejaban [de manera distorsionada] algunas preocupaciones legítimas. Por esto es que aprobamos y apoyamos el carácter compasivo de la revolución de Hamás: Hamás está dispuesta a trabajar conjuntamente con los elementos más sanos del Fatah, para la causa palestina.

 

Sin embargo, hay que sacar algunas lecciones de este caso: la dirigencia del Fatah sucumbió a la tentación israeloUSiana, porque su ideología tiene un fallo. El nacionalismo, esta arma de desintegración masiva, fue llevado hacia el este por colonizadores occidentales para dividir y conquistar. Hasta el siglo XIX, el Oriente no sabía nada del nacionalismo, porque estaba unido por la fe y gobernado por sus jefes tradicionales, los sucesores de Constantino el Grande y Solimán el Magnífico. Lawrence de Arabia soltó el bacilo del nacionalismo  en Hejaz, que venía oculto en sus alforjas preparadas por el servicio de inteligencia británico, y esto socavó la unidad del Este. Les prometió a los árabes la independencia con relación a los “otomanos detestables”, pero nada bueno salió de la traición: ingleses, americanos y después colonizadores sionistas se repartieron los despojos, mientras los nativos se encontraban aún más oprimidos [que bajo el régimen turco].

 El nacionalismo es necesariamente una ideología [decepcionante] del tipo “hazlo tú mismo”. En Palestina, Egipto, Siria, esto se hallaba compensado por un socialismo universalista, pero con la evaporación de este elemento socialista, el Fatah mantuvo su nacionalismo deficiente, condenado al fracaso. “Son nacionalistas como nosotros”, dicen los sionistas, desde Sharon hasta Uri Avnery, hablando del Fatah. “Se conformarán con una bandera, un himno nacional, una cuenta en un banco suizo, como nosotros. Con un bantustán o dos, se sentirán felices”.

 

Pero los palestinos no son capaces de traicionar a Palestina por la ilusión de la independencia. Todos los palestinos, es decir todos los habitantes de Palestina, nativos e inmigrantes, la necesitan entera, no es cuestión del 2% en Gaza y 10% en el enclave de Ramalá, sino del 100%. Podemos tenerla entera juntos, no mediante la división, sino compartiendo. El Islam es una fe universal, como el cristianismo, y sus fundaciones están más adaptadas a nuestro Estado universal que el nacionalismo trasnochado, sea sionista o árabe. Un proceso semejante está teniendo lugar en Turquía, donde el nacionalismo kemalista se ha convertido en aliado de USA, por la fuerza de las bayonetas, mientras que el partido islámico representa la elección del pueblo.

 

El pueblo oriental cree en Dios; por esto “Ex Oriente Lux”, la luz procede de Oriente. También saben por su experiencia que la gente sin Dios no tiene escrúpulos ni compasión, cuando nosotros necesitamos dirigentes compasivos [3]. Olvidémonos del espantapájaros del “islamofascismo” o del “peligro islamista”. Esto es un mito, creado por Podhoretz y sus secuaces, una amenaza inventada, lo mismo que el “peligro amarillo”, el paneslavismo, el comunismo. No les tenemos miedo a los seguidores del Islam, porque convivimos con ellos a lo largo de nuestra vida.

 

El proceso de edificación de la nación en Palestina dista mucho de haber concluido. Se debería encontrar un nuevo paradigma para unificar sus tribus y grupos en una sociedad, desmantelando la autoridad nacional palestina y el Estado judío, como lo planteó muy justamente Avram Burg [4] . El separatismo y la búsqueda de la independencia, en ésta o en cualquier otra parte de Palestina, ha resultado ser una estrategia en bancarrota. A Palestina no se la puede dividir. Los amigos de Palestina y los amigos de Israel deben trabajar juntos por la unificación, no por la separación.

 

Notas de la traductora:

 

[1] Las menciones alusivas que siguen proceden de su novela El Señor de los Anillos.

[2] El Shin Bet es el servicio de contrainteligencia israelí.

[3] Estas afirmaciones pueden sonar ofensivas a los oídos ateos. Aquí Shamir trasmite el sentimiento de los pueblos tradicionales; obviamente, a partir del momento en que el ateo cree en la fundamental distinción entre el bien y el mal, entra a formar parte de la humanidad “creyente”, es decir opuesta a las tiranías desprovistas de “escrúpulos ni  compasión”. Sólo en el mundo occidental, el ateísmo ha cobrado fuerza; en comparación con las demás sociedades, el ateísmo aparece pues como un componente de la modernidad occidental, mientras que el sentimiento religioso funge como un enlace entre las generaciones, a lo largo de siglos y milenios, y un nexo entre las distintas civilizaciones. La frase latina “Ex Oriente Lux” es transposición dentro de los textos fundamentales del cristianismo de una convicción propia de todas las cosmogonías, según la cual los puntos cardinales llevan una carga de sentido; así, Oriente “es” contemplación y conocimiento, Occidente “es” acción y violencia creadora, el Norte “es” el mando y la jerarquía, y el sur “es” el corazón, la capacidad de apasionamiento.

[4] Antiguo jefe del parlamento israelí.

 

Traducción: María Poumier, revisada por Horacio Garetto.

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