Israel Shamir

Ideas that will Derail the descent to Barbarity

Quién le tiene ganas a Roger Rabbit

El malvado mata a unos cuantos inocentes solamente para perjudicar a Roger Rabbit, si mal no recuerdo el maravilloso dibujo animado de Zemeckis 88. Es una parodia de las películas policíacas de Hitchcock en la que el protagonista se mueve entre muertos recién ultimados sólo para acorralarlo a él. Chandler y Hammet desarrollaron ese tipo de intrigas porque estaban hartos de los detectives siempre angelicales como el violinista Sherlock Holmes, y crearon héroes que desentrañan cábalas criminales a la vez que la policía los persigue y los acusa a ellos.

El presidente ruso Vladimir Putin se encontró personalmente en la posición desagradable de Roger Rabbit. Tras el asesinato de Anna Politkovskaya, periodista de investigación, murió en Londres un espía arrepentido y acusó a Putin en su lecho de muerte. El gordo Gaidar, antiguo primer ministro, se salvó por los pelos/por poco de una tercera muerte, pero no se le ahorró a Putin una tercera acusación. Parece que cualquier muerte violenta o sospechosa se le va a achacar ahora a Putin, en la mejor tradición a lo Chandler. A Roger Rabbit lo tenían en la mirilla para apoderarse de la ciudad de los muñecos; a Putin le encañonan ahora con el objetivo de apoderarse de la diplomacia rusa y los recursos de Rusia.

Hace falta ser una persona inocente, muy joven y sincera, para creer que los dueños de los medios y los editorialistas, los maestros del discurso, se preocupan por figuras políticas rusas marginales como Politkovskaya y Litvinenko. Lo que buscan al ponerle en una situación difícil es que entregue Irán a los bombarderos yankis y la península de Sajalin [2] a las compañías petroleras occidentales, que venda el gas y otros bienes nacionales a precio barato y se olvide de sus objetivos de independencia política. A él y a nosotros, nos espetan en la cara una demostración del poderío de la maquinaria de los medios masivos, este artefacto excepcional concebido para zombificar a millones de personas. Pueden fijar la agenda mundial y presentar a Putin como un asesino en serie, a Clinton como un obseso sexual, a Chávez como un antisemita, a Ajmadineyad como un nuevo Hitler, a los palestinos como los agresores y a los israelíes como las víctimas. Ni siquiera los papas han tenido semejante poder en sus mejores tiempos: digan lo que digan los maestros del discurso, se impone. 

Nunca dejan de mencionar el pasado de Putin en el KGB, aunque el pasado de Bush en la CIA y el de Tsipi Livni en el Mossad jamás se mencionarían entre la gente fina. Nos recuerdan a un desertor búlgaro al que mataron hace 20 años, pero no señalan jamás al mayor asesino organizado de nuestros días, el Estado judío, salvo con una admiración velada por el sentido de lo políticamente correcto, como en la película Munich de Spielberg. A pesar de que Israel mata, Israel secuestra, Israel mete presos a sus opositores políticos a diario: todos los dirigentes palestinos activos hace 20 años fueron asesinados desde entonces por los servicios secretos judíos. Se valen del veneno, de los misiles guiados por control remoto y de las bombas que aflojan los bunkers, y el centro Nes Tizona para el armamento químico y biológico produce venenos y otros instrumentos dignos del agente 007, como la “avispa biónica que mata”.

Usaron su veneno especial en una tentativo de asesinato de Jaled Mashal, el dirigente de Hamás; se pudo agarrar a los asesinos in fraganti. No cabe la menor duda que asesinaron a Yaser Arafat envenenándolo: Haaretz publicó indicios muy claros al respecto; y muchos israelíes allegados a los servicios de inteligencia están convencidos de ello. Y aquí llegamos a la parte más interesante: la autopsia de Arafat reveló la presencia de polonio 210, el mismo agente tóxico que mató al tránsfuga ruso. No obstante, los maestros del discurso y su máquina de fabricar la opinión mundial rechazaron este descubrimiento trascendente y relacionaron el polonio con la quimioterapia que le administraron al dirigente palestino. Ahora dicen que este isótopo señala a Putin, pero hay que decir también que el polonio 210 se vende libremente por Internet en Estados Unidos.

Todo apunta a Putin. En un diario israelí de hoy, la petición rusa de reciprocidad en el trato a los criminales detenidos (una solicitud común y corriente) se describe como “el chantaje de Putin”; la aspiración de los rusos de poseer instalaciones en Occidente para vender gasolina directamente en las estaciones de servicio y no solamente en los yacimientos, se nos describe como “movimiento que demuestra la voluntad putinesca de dominación mundial”. Putin no es de hierro, como los viejos bolcheviques, y podría ceder a las presiones, dejar que Israel bombardee a Iran, darle entrada libre a las compañías petroleras occidentales en su país, como hicieron Gorbachev y Yeltsin. Entonces se convertiría en el niño mimado de los medios, y caerían en el olvido sus supuestos crímenes.

Este fue el caso con Muammar Kadafi, acusado personalmente de todas culpas imaginables, y su país tuvo que pagar millones y más millones por el desastre de Lockerby aunque no tenía nada que ver con él, como lo reconocieron varios observadores internacionales en el proceso. Kadafi se rindió a la voluntad suprema de los maestros del discurso, y todos los ataques se suspendieron en el acto. Le pasará lo mismo a Putin, con tal de que se someta al deseo de Israel y deje a Irán desprotegido para ser bombardeado.

La maravillosa escritora india Arundhati Roy escribió que todos nuestros dirigentes [no occidentales] son espantosos; pero mientras dejen a Occidente robarles sus riquezas naturales están a salvo. Sólo cuando ponen objeciones se convierten en monstruos a los ojos de la opinión pública, cada vez más dócil, por lo visto. Deberíamos poner manos a la obra para erradicar esta práctica; no podemos librarnos del todo de los misiles de crucero usamericanos, pero sí podemos, y debemos, sabotear el arma más terrible de los maestros del discurso, su maquinaria para el lavado de cerebros, y negarnos rotundamente a seguirles la corriente.

http://www.israelshamir.net/English/Eng5.htm

Traducido del inglés al español por Maria Poumier y revisado por Juan Vivanco, miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft para uso no comercial: se puede reproducir libremente, a condición de respetar su integridad y mencionar  al autor, a los traductores y la fuente.

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