Israel Shamir

The Fighting Optimist

¡Sigan, cubanos, alumbrando al mundo!

Es para mí un gran honor estar en Cuba y hablar con ustedes, porque Cuba fue algo importante y definitivo para nuestra juventud romántica. Yo era un adolescente, hace cuarenta y cinco años, cuando el joven Fidel prometió llevar revolución y libertad para el ser humano a América entera, desde Tierra del Fuego hasta la helada Alaska, pasando por Washington, y su llamado sigue resonando a mis oídos. Fueron días gloriosos, pero después pareció durante mucho tiempo que eso no se iba a lograr, y que deberíamos conformarnos con que este último refugio de la libertad sobreviva todavía. Hoy les traigo buenas noticias. No se desanimen. Ustedes no son el último refugio de la resistencia al dominio imperial, en vísperas de ser barridos del mapa. La marea de la historia mundial está dándose vuelta, y estamos listos para el contraataque. La gente que se opone al imperio neoliberal ya no se siente como el último bisonte en anchas y ajenas pampas, sino que somos el ejército victorioso de mañana.

 

La revolución es necesaria, y el que lo olvida debería acordarse de lo que ocurrió hace apenas unos días en mi querida Palestina. La gente de Gaza hizo una auténtica revolución: votaron en contra de lo que pretendía el ocupante, expulsaron a la banda colaboracionista de Dahlan, salieron del ghetto arriesgando la vida, desbordaron el ejército, voltearon la cerca, cortaron la alambrada, borraron la frontera entre dos Estados, emprendieron gestos heroicos, dignos de grandes guerreros, sufriendo bajas. Si no acometían esta revolución, no se les permitía siquiera comprar pan para sus hijos. Este es un buen ejemplo que vale para todos nosotros : nada se puede hacer dentro de los límites legales impuestos por nuestros enemigos. Se necesita ese impulso llamado revolución.

 

El tema de esta conferencia es el equilibrio, y en mi opinión, el equilibrio es el nombre de la victoria que vamos a alcanzar mañana, porque es de lo que más carece nuestro mundo, equilibrio entre ricos y pobres, entre deberes y derechos, entre necesidades de la mayoría y deseos de las minorías, entre lo masculino y lo femenino, entre el deseo de cambios y la necesidad de estabilidad, entre intervención y soberanía, entre superpotencias y Estados pequeños, entre laicidad e iglesia. Cada régimen trata de llegar a algún equilibrio, pero nuestro equilibrio debería ser el de la armonía, que es un equilibrio estable.

 

Siendo un  escritor ruso-israelí, comparto mi tiempo entre Tel Aviv y Moscú, y hablo desde una perspectiva rusa e israelí. Crecí en la Unión Soviética socialista, y como ustedes saben, la palabra “soviet” significa consejo y advertencia, de modo que nos cuesta mucho dejar de aconsejar. La Unión soviética tenía sus problemas, y la Rusia post-soviética los tiene.

 

Estoy de acuerdo con mi amigo, el maravilloso escritor ruso Maxim Kantor; si bien cincuenta años de comunismo demostraron que el comunismo era un fracaso, los veinte años siguientes de triunfo del capitalismo han demostrado que el capitalismo ha fracasado aún más profundamente. En una etapa, los cubanos aprendieron de los triunfos de Rusia, y ahora los cubanos pueden aprender de los errores rusos. La Unión Soviética no se derrumbó por problemas materiales, por cuestiones de producción, sino por problemas ideológicos: los ideólogos soviéticos fueron derrotados en el campo de las ideas.

 

 La batalla de las ideas no se da en el terreno de la mente de un ermitaño aislado, sino en la mente de millones de gentes relacionadas entre sí por la palabra, desde una tertulia  familiar a la hora de la comida, hasta un programa de televisión. El discurso configura el campo de batalla, y este campo, como cualquier oro campo de batalla, no es un terreno llano sin accidentes propios: imaginemos colinas, despeñaderos, valles y ríos que atraviesan el paisaje, haciendo la batalla tan complicada como cualquier batalla en un campo real.

 

La batalla ha cambiado de aspecto desde que nuestros enemigos y los enemigos de la libertad inventaron y construyeron una maquinaria única, sin ningún antecedente en la historia de la humanidad. Esta maquinaria es el hecho de que se forje la opinión pública con la mayor integración de niveles y variantes; la componen los medios masivos, los especialistas y las universidades, posee prácticamente todas las emisoras de televisión y los periódicos, y produce una sola narración, y con ello logra lavarles el cerebro a las masas. Los amos de este artefacto son los maestros del discurso o dueños de la palabra. Ellos son los que deciden de qué debe enterarse el pueblo, y qué opinión será aceptable, y cuál otra será desterrada. Gracias a  ese invento  maravilloso es cómo los dirigentes imperialistas se convirtieron en devotos de la democracia: porque saben que la maquinaria es capaz de convertir a la democracia en mera consigna hueca.

 

Por ejemplo, hace apenas algunos días, hubo elecciones primarias en Nevada, USA. Y el que salió segundo fue Ron Paul, un candidato enemigo del establishment y de la guerra, un libertario, según la terminología yanki. No importa, para el caso, si nos cae bien o mal, sino otra cosa: el hecho de que los medios USianos, integrados como una sola maquinaria, no informaron sobre su cuasi victoria. Lo fui a comprobar en docenas de informes; su nombre ni siquiera estaba mencionado, mientras que el nombre del tercero más votado sí daba lugar a largos comentarios. Es decir que los medios ahora son capaces de socavar hasta la democracia burguesa a la que se suponía servían de amparo y alimento.

 

Esto no es nuevo. Lenin en El Estado y la Revolución, escrito en 1916, dijo que la democracia -ni siquiera la democracia burguesa- no puede realizarse mientras los medios pertenecen a entidades privadas, ya que pueden limitar el acceso a la democracia. Lo nuevo es el nivel de integración; los periódicos de antes, con dueños privados, podían ser malos o buenos, libres o no, pero hoy los medios están concentrados entre las manos de unos pocos propietarios y sindicatos, y deciden cuáles son los acontecimientos que valen, hasta dónde pueden enterarse los lectores y el público.

 

La maquinaria mediática está tan bien integrada que abarca a la vez la derecha y la izquierda. Seguramente existe una diferencia entre medios de derecha y de izquierda, entre el Guardian por ejemplo, y el Telegraph, en Gran Bretaña, o entre The Nation y el New York Times en USA, o entre Libération y Le Figaro en Francia. Pero esta diferencia no es tan grande como parece, porque sigue tratándose de prensa burguesa. Se trata de una diferencia moderada. En ocasiones excepcionales, el diario de izquierda saca un artículo radical, pero generalmente, los periódicos de izquierda y derecha en USA como en Europa son profundamente anticomunistas, se pasan el tiempo denunciando a Stalin, humillando a los musulmanes, apoyando a Israel, recordando el Holocausto y olvidando Hiroshima. Pero quieren comunicarnos una sensación de libertad, de posibilidad de elegir. De modo que ofrecen falsas alternativas al público. Por ejemplo, tratándose de Cuba, ofrecen algunas variantes: la derecha burguesa dice que hace falta invadir Cuba u organizar campañas de ostracismo en contra de Cuba, mientras que la izquierda burguesa dice que habría que tratar a Cuba de manera suave, para favorecer un cambio de régimen. Al leer esas cosas, la gente automáticamente escoge el tratamiento suave. Pero la tercera alternativa, que sería contemplar a Cuba como un laboratorio de sociedad del futuro, jamás se plantea  Este es el esquema nuevo: hasta ahora, había una diferencia de opiniones real, que se expresaba incluso dentro del campo de los medios burgueses, mientras que ahora, no es más que teatro. Mientras el régimen socialista trata de crear consenso, y moldear una opinión correcta única, las técnicas modernas de adoctrinamiento aplican el principio del equilibrio, y de la “opción privilegiada”. Se basan en un fenómeno sicológico: cuando a una persona se le ofrecen dos ideas, ésta busca automáticamente el equilibrio, de manera instintiva, y por eso se inclina a la solución que le parece mediana.

 

Esto ocurre con todos los temas. Tómese a Irán; nos ofrecen a elegir: ¿deberían los Estados Unidos o Israel bombardear a Irán, o debería desarmarse al país mediante sanciones? Alemania pide más sanciones, mientras USA se inclina por el bombardeo. Otra solución, que sería dejar a Irán hacer lo que le de la gana, jamás se contempla. Hasta Rusia respeta este marco. Los diplomáticos rusos suelen decir que están de acuerdo en que un Irán con capacidad nuclear es inaceptable, a pesar de que piensan que existen medios suaves para convencer a los iraníes, en lugar de sanciones o bombas. ¿Acaso tienen razón? Dejemos de lado por el momento el carácter no agresivo de Irán. Incluso si el programa nuclear iraní debiera completarse, Irán no tiene los recursos para utilizar una capacidad nuclear. No tiene misiles capaces de encaminar la carga nuclear útil a ningún lado. Al mismo tiempo, el diario israelí Haaretz (jueves 17 de enero de 2008) publica un mapa

 http://www.haaretz.co.il/hasite/images/printed/P180108/a.a.1801.1.1.9.jpgdemostrando que los nuevos misiles de Israel, Jericó – 3, son capaces de dar alcance a Moscú y Berlín, y son perfectamente capaces de descargar algunos artefactos nucleares de esos que Israel posee en abundancia, sobre dichas ciudades. Todo lo contrario de Irán, Israel ha demostrado ser, por costumbre, un Estado agresivo. El principal editorialista israelí, llamado Matti Golan, sueña con borrar a Alemania del mapa, mientras los neoconservadores judíos como Max Boot describen a Rusia como la mayor amenaza. Sin embargo, está prohibido discutir el peligro que esto representa para Rusia o Alemania, sino que el peligro iraní debe ser tema permanente de debate obligado. Los rusos tendrían razón si fueran a responder insistiendo en la amenaza israelí, tal vez abasteciendo a Irán con algunos misiles defensivos, o con la tecnología nuclear necesaria para establecer un nuevo equilibrio en el Oriente Medio. Pero la maquinaria de formar la opinión en Occidente los detiene.

 

Si miramos el fondo de la cuestión, el problema tiene que ver con los intelectuales. En otros tiempos, los intelectuales occidentales tenían fuerte simpatía por el comunismo, pero ya no. De modo que a muchos de nosotros nos logró seducir la idea de defender el capitalismo y aceptarlo, y muchos de nosotros nos convertimos en colaboradores espontáneos del imperialismo. En USA, en Europa y en Rusia, el sionismo jugó un papel importante en este cambio climático.

 

A principios de los sesenta, la juventud judía, desde los hippies de San Francisco hasta los kibutzim de Israel, apoyaban a la izquierda. Algunos judíos dueños de periódicos y banqueros simpatizaban con el rumbo izquierdista. Pero entonces sucedió un cambio: la posición social de los judíos yankis mejoró notablemente en la sociedad USiana. En 1965, los judíos americanos tenían ingresos algo más bajos que el promedio nacional, no tenían acceso a las posiciones claves de poder, y por eso estaban a favor de cambios revolucionarios; por el contrario, en 2008, los judíos USianos ganan tres veces más que el promedio, y ahora son de derechas. Los judíos de la izquierda de ayer se convirtieron en neoconservadores, los hijos de los trotskistas ayudaron a Ronald Reagan a destruir la Unión soviética y a edificar el bloqueo contra Cuba. La comunidad judía organizada se inclinó a la derecha, y arrastró con ella a la maquinaria de los medios, que se volvió más pro-sionista, y más unificada.

 

Esto se puede observar en la cuestión clave de Palestina. El interés de la gente, en Israel y en Palestina, es eliminar el apartheid de la forma que se hizo en África del sur (gracias al esfuerzo militar cubano, por cierto), lo que se lograría con la creación de un solo Estado democrático donde judíos y no judíos serían iguales desde el punto de vista legal. En lugar de esto, lo más que uno puede desear para Palestina, es el reconocimiento de unos bantustanes, eso mismo que fue rechazado en el caso de África del Sur. Por esta razón, el crimen atroz, el de matar de hambre al pueblo entero de Palestina, se ha estado organizando sin muchas protestas, a pesar de que Fidel condenó el sitio de Gaza en términos claros. La opción de la igualdad, la opción surafricana, no puede siquiera abrirse camino en los diarios americanos y europeos. Así es cómo el apartheid en África del sur fue condenado universalmente, y erradicado, mientras el apartheid en Israel/Palestina sigue floreciendo.

 

El sionismo es un enemigo de Cuba y de cada Estado libre de América latina: Israel, perpetrador del apartheid, siempre vota en contra de Cuba en la ONU y dondequiera. Los mejores amigos de Israel en USA son Bush y Giuliani, grandísimos enemigos de Cuba. Israel proporcionó armas a los contras para combatir a los sandinistas. Israel y la comunidad judía organizada participan activamente en la campaña contra Hugo Chávez.

Hay mucha gente, hombres y mujeres, en Israel, que aman a Cuba, que escucha música cubana y lleva camisetas del Che, pero el poder en Israel lo tiene otra gente, lo tienen los enemigos de Cuba y el socialismo. De la misma forma, hay muchos judíos norteamericanos que aman a Cuba, pero las organizaciones poderosas están en contra de Cuba y de Chávez.

 

La izquierda pro-sionista se convirtió en “el guardia bueno”, que juega en el mismo equipo que el “cana malo”, apuntando al mismo objetivo. Es la misma gente de izquierda que hizo lo posible  por socavar a la Unión soviética. El dueño de medios importantes en Gran Bretaña Robert Maxwell, que era amigo de los dirigentes soviéticos y publicaba sus libros en el extranjero, era también un agente del Mossad, el servicio secreto israelí. Con semejantes amigos, ¡la Unión soviética no necesitaba tener enemigos!

 

Nuestros enemigos dicen que los medios controlados por el Estado no son libres. Para ellos, “medios libres” son exclusivamente los que tienen a magnates privados por dueños. Yo nunca he podido entender por qué un diario que le pertenece a Rothschild (como el diario francés Libération) o a Asper (todos los diarios canadienses) sería automáticamente más libre que un periódico que le pertenece al pueblo, teniendo al Estado de mediador.

 

Así pues, los medios controlados por el Estado son algo muy importante, algo que debe mantenerse atento a los intereses del pueblo. Los medios de propiedad privada siempre terminan tomados, tarde o temprano, por algún magnate, que los integrará en la misma maquinaria. Pero los medios estatales deben aprender a ofrecer elección. Sabemos que existe una oposición pro-occidental en Cuba. Oímos sus voces a través de la prensa occidental. Pero también hay disidentes desde el punto de vista opuesto, es decir gente que quiere más comunismo. Si se desarrolla la posibilidad de elegir en los medios cubanos, nuestro punto de vista se convertirá en  la “opción privilegiada”, ¡la verdadera `via aurea`, el camino del equilibrio!

 

Esto significa que los medios estatales deben darle cabida a los que defienden sólidamente el comunismo, incluso si sus puntos de vista parecen algo anticuados. La gente que llama a empezar la revolución mundial debería tener un espacio. Entonces, sus voces equilibrarán a las de los intelectuales pro-occidentales. En la Unión soviética, el derrumbe ocurrió porque los medios de propiedad estatal fueron arrebatados por los aparatchiks, los mandarines pro-occidentales, y bloquearon eficazmente el acceso del pueblo a otras opiniones.

 

Internet debería considerarse nuestro mayor amigo: en primer lugar, nuestras posiciones tienen mucha fuerza e impacto, en la web. Los Maestros del Discurso todavía no controlan la red. Hay miles de sitios web amigos de Cuba y defensores de las ideas de igualdad, sitios que denuncian las mentiras neoliberales. En segundo lugar, Internet es barato. Hoy en día, ya no se necesitan cables, el Internet por los celulares puede llegar a cualquier pueblo, cada estudiante lo puede tener. Para Cuba, donde los libros son caros y a veces difíciles de conseguir, Internet es la solución. Los cubanos con educación superior se convertirán en un elemento importante en la batalla mundial de las ideas, y deberían poder entrenarse para jugar este papel. Internet lo permite, porque permite miles de debates al mismo tiempo.

 

En la Unión soviética, el derrumbe lo causó en gran medida la clase de los rusos con alto nivel educacional, la llamada intelligentsia, que era muy pro-occidental en los últimos días del comunismo soviético. Uno de los motivos es que el estilo del discurso soviético no permitía un debate abierto. No habían leído nunca a Chomsky, nunca escuchaban a Fidel, y en aquél tiempo no había Internet. Ellos no sabían nada de los grupos y de las grandes figuras antimperialistas que se expresaban en los países occidentales. Eran ingenuos, en el fondo: pensaron que iban a vivir como profesores de Harvard, mientras que Rusia entera sería Suiza, una vez que se pasaran al capitalismo. Y el resultado es que Rusia sufrió mucho, le robaron sus recursos, y el país se encontró a punto de quiebra completa. Y la intelligentsia también sufrió muchísimo.

 

Esto lo resaltó Víctor Pelevin, cuyos libros les recomiendo. Escribió lo siguiente: en los días del comunismo, se esperaba de la intelectualidad rusa que le lamiera el trasero al Dragón Rojo, y para eso se les pagaba. Odiaban al Dragón, y lo envenenaron con el mismo creyón de labios que recibían del Sapo Verde. Pero pronto descubrieron que el Sapo Verde no necesita a millones de intelectuales, sino que le basta con dos o tres que le practiquen sexo oral las 24 horas al día, sin dejar de sonreír demostrando sumo placer.

 

La mayoría del pueblo ruso está profundamente insatisfecha con el capitalismo, no sólo porque cambió su situación personal para peor, sino porque el capitalismo hizo de Rusia la sirvienta de Occidente. Ahora el presidente Putin, que es un nacionalista moderado, le está dando una vuelta más patriótica al gobierno, y las cosas han mejorado un poco, pero aún hoy en día, en caso de democracia realmente abierta, los rusos votarían por una orientación más anti-yanki, más fuerte en la resistencia al neoliberalismo. Ahora, el capitalismo está atravesando la peor crisis, semejante al tiempo en que los tan buscados dólares se convirtieron en  puro papel de desecho. El punto de vista socialista debe expresarse con fuerza en los medios, y no solamente éste, sino también otros puntos de vistas no liberales, opuestos a la burguesía.

 

Mientras los Maestros del Discurso pretenden no opinar, no estar comprometidos con ninguna de las informaciones que transmiten, en realidad son devotos de un paradigma neoliberal. Llaman a la libertad individual, a sacar a la iglesia de la vida activa, abogan por los derechos humanos, los derechos de las mujeres. Todo esto suena bonito, pero estos dogmas deben ser equilibrados por otros, para ser aceptables. De otra forma, la sociedad está desequilibrada.

 

Pongamos por ejemplo los derechos humanos. ¿Acaso no se trata de un concepto noble? Pero en nombre mismo de este mismo concepto, fueron conquistados países y masacrados cientos de miles de personas. Cuba suele ser atacada por sus supuestas violaciones en ese campo porque limita estos derechos cuando pisotean los derechos de la sociedad. Nuestros adversarios niegan que la sociedad en su conjunto tenga derechos también; para ellos, sólo los individuos, y preferiblemente los que tengan dinero, tienen derechos. Me preguntaron una vez por los derechos humanos en Cuba en un programa de televisión ruso, y esto fue lo que dije: en Cuba, hay horribles violaciones de los derechos humanos, y deberíamos denunciarlos, sí, en Guantánamo, un lugar que está en Cuba. Pero curiosamente, esto no les interesaba. El concepto de derechos humanos debe equilibrarse con las obligaciones hacia la sociedad, dijo la importante filósofa comunista Simone Weil en su libro llamado “La necesidad de raíces, preludio a una declaración de los deberes con la humanidad”. Los derechos, en su opinión, son algo “relativo y supeditado” a las obligaciones. Simone Weil pudo dar esta respuesta correcta porque no cayó en la trampa del liberalismo. Bajo ningún pretexto reconocía los dogmas liberales.

 

He aquí unos ejemplos, de paso. Los derechos de las minorías sexuales son un tema que molesta a la mayoría. En realidad, en Estados Unidos, el tema de las minorías sexuales es un invento creado para romper la alianza entre las masas y los intelectuales progresistas.

 

En cuanto a los derechos de las mujeres: el movimiento feminista en Occidente se ha degradado hasta convertirse en otro punto de apoyo del imperialismo. Las dirigentes feministas llamaron a la guerra contra Afganistán, justificándolo por la triste condición de las mujeres. Y con la guerra enviudaron las mujeres, en nombre de la guerra contra una vestimenta musulmana tradicional. Ahora las supuestas feministas luchan para que las mujeres puedan servir en cuerpos separados en los ejércitos imperialistas, en vez de movilizarlas contra la guerra.

 

Otra cosa muy diferente es el derecho a la creencia religiosa. La animosidad entre socialistas o comunistas y la iglesia no es algo inevitable; esto se implantó en cierto contexto histórico y ahora se puede superar. En los momentos culminantes de la revolución rusa, en 1918, el gran poeta ruso Alexander Blok tuvo la visión de los soldados rojos encabezados por un invisible Jesucristo. Si los comunistas rusos hubiesen logrado la armonía con la iglesia, el comunismo seguiría fuerte. Está bien que en Cuba las iglesias estén abiertas, que ustedes tengan relaciones positivas con la iglesia católica, con su teología de la liberación, y que cuiden a su propia santería de subido color. Pero la paz con la iglesia exige una interacción mayor en los dos sentidos. En el siglo XIX, el gobierno colonial de Cuba deportó masivamente a los sacerdotes católicos porque estaban a favor de la revolución independentista. El gobierno actual puede invertir la tendencia. En América latina, hay muchos sacerdotes y obispos pro-socialistas, y podría traérselos a Cuba, mientras se les podría pedir a los antisocialistas que se retiren.  Cuba puede insistir en su derecho a elegir sus propios obispos para asegurarse de que una mayor proporción de curas progresistas tomen estas posiciones. Si la revolución abraza la iglesia, la iglesia podrá abrazar la revolución.

 

Y lo último que les quiero decir: ustedes deben sentirse muy  seguros de sí mismos, porque están en el camino justo.  La vida en Cuba ha mejorado notablemente desde los años 1990. Todavía tienen a un dirigente sabio, que es Fidel Castro, que tiene afinidades con Noam Chomsky por su pensamiento radical, y tiene sólido apoyo en las masas, lo que es una realización del sueño de Platón, el sueño de tener un rey filósofo. Todavía tienen entre ustedes gente que tomó las armas contra la agresión americana, y gente que derrotó a las fuerzas armadas del apartheid en Angola; y tienen mucha gente con la mejor educación del mundo. Ustedes son la luz del mundo. ¡Sigan, cubanos, alumbrando al mundo!

 

Traducción: Maria Poumier.

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