Israel Shamir

The Fighting Optimist

Tinieblas occidentales

La campaña contra los sacerdotes abusadores es una señal clara de que una nueva guerra se nos viene encima. Si la Iglesia paga por sus “curas abusadores”, ¿no debería la judería  pagar a su vez por abusar a los judíos?

La Iglesia católica, la mayor iglesia apostólica en los Estados Unidos, se encuentra duramente acosada. Los conspiradores han sumado la presión mediática a la maquinaria judicial, han utilizado la obsesión yanki por el dinero, y le están dando a la Iglesia el trato que le dieron a la industria del tabaco, es decir la persecución hasta desaparecerla por completo. Con tal de pescar sus treinta monedas de plata (en términos actuales, más de un millón de dólares), cientos de católicos americanos denunciaron a su iglesia.

Este ataque, seguido por la mal calculada rendición de los obispos católicos de Los Ángeles en la campaña acerca de los “curas abusadores”, es una señal clara de que una nueva guerra se nos viene encima. Este show barato empezó exitosamente en los medios USianos antes de la invasión a Irak. Más precisamente, en el momento en que Sharon estaba sitiando la ciudad de Belén y destruyendo Palestina en 2002. Entonces, de golpe, a  centenares de hombres y mujeres maduras les dio por recordar que alguien había abusado de ellos unos veinte años atrás. La cosa creció hasta la histeria al anuncio de la invasión a Irak en 2003, y ahora está sirviendo nuevamente de toque guerrero para nuevas hostilidades. Cada vez que las fuerzas oscuras preparan un nuevo ataque contra la humanidad, utilizan su considerable artillería para acallar las fuerzas potenciales de la resistencia, empezando por su enemigo confesado, la Iglesia. Lo mismo hizo el Tercer Reich, por cierto: antes de desencadenar la guerra, empezaron su campaña sobre los “curas amigos del sexo”, para silenciar a la Iglesia. Ahora le toca al Cuarto Reich. La Iglesia estaba en contra de la guerra en Irak; la Iglesia se mantuvo firme en su defensa de Palestina; la Iglesia sin duda está en contra del ataque pendiente sobre Irán; de modo que hay que ponerla a la defensiva. La misma gente que controla los medios USianos es la que llama a la guerra contra Irán, y es la que está detrás de esta campaña contra la Iglesia.

Nuestros enemigos y enemigos de la Iglesia fabricaron mediante el control de los medios un fantasma, el de los “curas abusadores”, y lograron convencer a los obispos de Los Ángeles a que dieran satisfacción a su “último pedido”. Pronto descubrirán dichos obispos que nunca se llega al último pedido cuando uno se somete a sus deseos. La rendición no lleva a ninguna parte. Podrían haber aprendido de los alemanes, que accedieron a saldar lo que parecía  ser la totalidad de  los reclamos judíos, por mil millones de dólares (según lo cuenta el negociador judío Nahum Goldmann en su libro La paradoja judía, New York, Grosset & Dunlap, 1978 Pero no era así: de esos $ 1.000 millones pagaron  $60 000 millones, para descubrir que todavía no habían terminado. Todavía debían $180.000 millones más, y ahora hay un nuevo proceso judicial para proporcionar a los hijos de los que padecieron durante la guerra una indemnización completa, dícese que la última pero, ¿qué seguridad hay con esta gente?. Si aparece  un cretino que acepte pagar, nunca más tendrá. un respiro por parte de esta ralea.

Pero la construcción misma del reclamo es defectuosa, cuando menos. Si un  hombre abusó de un niño siendo sacerdote, esto es su crimen personal, y le corresponde cargar con la responsabilidad, toda vez que el crimen esté probado por un tribunal penal, sin que quepa ninguna duda razonable. De la misma forma, si un hombre abusó de un chico mientras servía en el ejército, o en un equipo de bomberos, la responsabilidad es suya, no del ejército ni de la brigada de prevención de incendios. Los obispos no tenían ninguna  obligación  de aceptar que se les formara juicio; si un juez anticristiano aceptó semejante persecución, a la iglesia le correspondía retirarse, nunca acatar. Los obispos no son la Iglesia, ni el clero tampoco. La iglesia es el cuerpo místico de todos los creyentes, la Esposa de Cristo, y no puede ser objeto de ningún juicio por malos modales de creyentes individuales. Pues sí, la iglesia siempre es lo justo, aun cuando sus obispos, sacerdotes o legos puedan equivocarse individualmente.

Pero pensándolo bien, el modelo podría  ser útil. Si se le puede entablar  juicio a la Iglesia católica, entonces uno podría perseguir por igual a sus competidores tradicionales, los judíos. Si la Iglesia paga por los curas abusadores, ¿no debería la Judería pagar por abusar a los judíos? La lista completa de los reclamos de gente estafada por financieros judíos, agentes inmobiliarios, banqueros, agentes de seguros, sumaría los trillones de dólares. Con los millones del caso Enron (caso patente de estafa judía) bastaría para compensar la generosidad por los  curas abusadores. Que se persiga a la Judería en la misma corte donde se procesa a la Iglesia;  se le pueden sacar recursos suficientes a las organizaciones judías. Tal vez esto los dejaría con las arcas vacías para comprar a nuestros políticos y mandar a matar a los palestinos.

Pero Meñique me dice que los judíos jamás aceptarían una responsabilidad colectiva. Están dispuestos a actuar colectivamente cuando se trata de reunir plata, pero no a la hora de pagar. Y mientras ellos no acepten una responsabilidad colectiva, la Iglesia tampoco debería hacerlo. Si el papa en Roma todavía tiene algún control sobre sus obispos en Los Ángeles, debería darles la jubilación,  rechazar el reclamo, proclamar que la iglesia nunca aceptará responsabilidad por ninguna fechoría individual, excomulgar y anatemizar a todos los que hayan participado en ese circo. No se debería alentar la codicia: los que le hacen reclamos a la Iglesia para  cobrarle algo, aún cuando hubiesen tenido algo de razón en el planteo inicial, son los realmente dañinos, porque intentan destruir la Iglesia.

La funesta costumbre del último papa Juan Pablo II de pedir perdón por pecados históricos, es lo que ha dado lugar a semejantes sucesos; él no estaba habilitado para pedir tal perdón porque esto implicaría que cada católico, hasta una niña brasilera de cinco años, era culpable por haber maltratado a los enemigos de la iglesia, que lo son desde hace quinientos años. La iglesia tendrá que alegrarse si se salva de que le entablen  juicio por todos los daños ocasionados por cada circunstancia por la que la máxima autoridad pidió perdón, incluyendo las Cruzadas, el saqueo de Constantinopla y las acusaciones de crimen ritual.

Porque estoy seguro de que van a aparecer nuevos reclamos. La naturaleza humana es así: si le enseñas a un tipo la manera de ganar millones diciendo que un cura lo acarició, tendrás hordas haciendo cola con semejantes reclamos. Algunos serán puros mentirosos y estafadores. Me viene a la mente el caso de Lori Haigh. Dicha señora logró que le pagaran $1,2 por abuso sexual, atacando a la arquidiócesis del condado de Orange, en 2002, alegando que un clérigo  había abusado de ella en la época en que la llevaba y traía a sus clases de música, más de veinte años atrás. Después,  intentó pasar por víctima de acoso sexual en otras varias ocasiones, hasta que la policía la detuvo por mentirosa e impostora.

Otros se valdrán de falsos recuerdos para armar el paquete. La memoria falseada es algo muy real. Yo mismo he observado que “recuerdo” acontecimientos de los que nunca fui testigo, por las muchas veces que me los contaron. Realmente cuesta recuperar la memoria propia y eliminar la falsa. Cada habitante de Jerusalén te contará los horrores del sitio de la ciudad en 1948, pero los diarios de la época atestiguan que no hubo sitio alguno, como lo demostró hace poco el historiador israelí Uri Milstein.

Los pleitos sexuales generan un montón de reclamantes. Unos años atrás, un judío sefaradí, el general Itzik Mordechai, estuvo a punto de ser coronado primer ministro de Israel, sólo que a la elite dominante en Israel que es asquenazi, no le caía nada bien la idea. Descubrieron a una chica que declaró que el gallardo general la había violado. A partir del momento en que se supo de su reclamo, surgieron docenas de mujeres con demandas comparables. Esto no llevó a nada pero se enlodó lo suficiente a Mordechai para que ya no le quedaran posibilidades de llegar a gobernar. Últimamente se repitió el truco contra el presidente sefardí Moshe Katzav, con  éxito rotundo; la primera demandante fracasó, pero la policía encontró alguna que otra prueba entre las decenas y decenas de mujeres que se presentaron para reclamar. En los Estados Unidos, las oleadas de reclamantes potenciales alcanzan la altura de un tsunami, con sus cientos y miles de personas que acuden para declarar que fueron abusadas unos veinte años  atrás como promedio, pero a veces hasta cuarenta años atrás.

A mí no me dan ninguna lástima estos reclamos tardíos. ¿Por qué habrán esperado veinte años? Si a un chico o a una chica le atacan, puede echar a correr, acudir a sus padres o a la policía. Si no lo hiciste en el momento, olvídate. Considéralo un mal rato, una experiencia desagradable, el resultado de un malentendido, y carga con la culpa de tu indecisión. Toma las riendas de tu vida, únete a la humanidad, fíjate que hasta tu papá y tu mamá algún día tuvieron que aguantar un beso no deseado o un abrazo no compartido. Las leyes deberían ser razonables. Permitir que se tramiten demandas por sucesos de veinte años atrás no es razonable. Sólo debería tomarse en cuenta una queja en el momento, 24 horas es el máximo que debería estar autorizado, en algunos casos extremos.

Si ocurriera un crimen, al criminal se le debería castigar, pero el denunciante no debería sacar provecho por denunciar el crimen. Esta es la regla necesaria de la justicia. En otro caso estamos volviendo al tiempo en que un denunciante podía reclamar un tercio de la propiedad del hombre al que denuncia. Una persona honesta y víctima de abuso debería rechazar la tentación ofrecida por el sistema judicial yanki que alienta a formar juicio por montos de dinero elevados, y debería entregar sus ganancias a la Iglesia. Pero igual, en cualquier caso los únicos que ganan son los abogados, los Dershowitz [abogado defensor del Estado de Israel y del uso de la tortura]. De los miles de millones que los abogados judíos sacaron a nombre de los sobrevivientes del Holocausto, apenas una gota cayó en los bolsillos de los que realmente habían sido prisioneros, y el resto fue a parar a las arcas de los abogados.

Los procesos judiciales con costosas indemnizaciones son inmorales y contraproducentes. Una mujer le cobra un millón a Mc Donald porque se quemó con un café hirviente, un hombre  consigue otro millón por fumar demasiado: no es más que incitación a formar pleitos. Las tarifas de los abogados deberían recortarse a la altura del salario de un trabajador, para que no conviertan a la justicia en ruleta. Los yankis podrían reconsiderar su sistema judicial pues no es más que una parodia de justicia: los jueces USianos han rechazado cualquier reclamo de parte de palestinos torturados, pero han garantizado a Israel y a los judíos americanos millones y millones embargados a palestinos o iraníes.

El resto del mundo vive bien sin estos ruinosos procesos. El dinero no es más que dinero, y no es nada seductor el que se desvive por los dólares. Freud consideraba que el dinero es el equivalente de la mierda. Los nenes muestran su caquita con el mismo orgullo que lo hacen los grandes con sus rollos de monedas de oro. Un libro árabe del siglo XVII cuenta el caso de una competencia entre dos tribus, donde el  ganador es el que produce el montón más grande. Posiblemente sea este estilo de competencia mucho más sano que la que pregona Forbes [el que establece la lista anual de las mayores fortunas mundiales].

II

Los yankis simplifican en exceso la cuestión del sexo con menores, cuando lo presentan como algo monstruoso. No es así,  pues ¿a quien le puede molestar la pasión de Romeo y Julieta? Debería indignar a un buen ciudadano americano, pues Julieta tenía 14 años, y por lo tanto Romeo hoy en día estaría preso y procesado como pedófilo, junto con su cómplice el padrecito Lorenzo, en Estados Unidos. Al padre Lorenzo sin duda le considerarían cura abusador, y algún Dershowitz le sacaría un millón a la diócesis de Verona por el pecado de haber legalizado el idilio de los enamorados. El caso de los amantes de Verona no es el único. Edgar Allan Poe se casó con una chica de 14 años, y si las leyes actuales estuvieran vigentes entonces, le habría escuchado aquello de  “Nevermore” a su cuervo en la cárcel. El profeta Mohammed se casó con Aisha cuando tenía nueve años, pero Jacob, el patriarca bíblico, lo superó, pues se casó con Raquel que tenía 7. En el mundo moderno, a Jacob y Mohammed les habrían dado caza, extraditado y metido presos. Y posiblemente algunas personas mejor ubicadas todavía no se sentirían muy seguras al enfrentarse con nuestra ilustradísima justicia: la madre de nuestro Salvador tenía apenas 14 años cuando la Anunciación….

Las mujeres maduras con ganas de compartir su experiencia con muchachos jóvenes siempre recibieron aprobación. En el clásico griego Dafnis y Cloe, dos jóvenes pastores encuentran el amor (ya estaría presos en Estados Unidos) pero antes, una señora madura y con experiencia, le había enseñado al joven Dafnis cómo agradar a su novia, para satisfacción de ambos. Hoy en día, en Inglaterra, una maestra de 26 años fue perseguida por tener relaciones con un alumno de 15. Hasta el fiscal admitió que “todos los escolares sueñan con recibir este tipo de atenciones por parte de una maestra joven y atractiva”, pero abogó por el castigo a pesar de todo. En los Estados Unidos, a Pamela Rogers la sentenciaron a muchos años cárcel por tener relaciones con un joven tan alto como tú y yo, que tenía 13 años cumplidos cuando fue aquello, la edad que tenía   mi bisabuelo cuando lo casaron y él encantado . Si la señora Rogers hubiese humillado y mortificado al chico, tal vez habría podido hacer una carrera brillante en la escuela. Quien sabe, hasta Secretaria de Estado habría podido llegar a ser….

Un hombre que hiere o mata a un chico irá a la cárcel, cumplirá sus años y saldrá libre de allí. Un hombre que haya tenido relaciones con una chica de 14 años cumplirá su pena y se hallará fichado en una lista de agresores sexuales; su nombre y su dirección estarán al alcance de cualquiera por internet. En Inglaterra, como en USA, los dos gemelos trasatlánticos y neoliberales, un servicio especial te permite localizar a cualquier convicto de agresión sexual en el vecindario. El Estado, en estos países ultra-liberales, es un perverso que solamente permite la búsqueda de la felicidad en forma de valores cotizados en la bolsa.

Ingleses y USianos inventaron un concepto tonto, el de “violación estatuida”, como si un fiscal del Estado supiera mejor que los chicos y las chicas lo que quieren. Los grandes pensadores Sartre y Derrida, Foucault y Beauvoir hicieron un llamado en 1977 por que se prescindiese de este invento legal de una vez por todas. Los avisados españoles fijaron la edad del consentimiento en los 13 años, mientras que los musulmanes, más cuerdos todavía, no tienen siquiera edad límite para el matrimonio, pero desaprueban rotundamente las relaciones extra conyugales. Los judíos, con la misma sensatez, se guiaron por el Talmud, que estipula que las niñas están autorizadas a casarse a partir de los tres años y un día (aunque prefería la edad menos peligrosa de 9 años) a la vez que prohíbe terminantemente la sodomía.

Por cierto, casi todos los casos de pedofilia son de homosexuales; por lo tanto, las supuestas víctimas deberían llevar a los tribunales a las organizaciones gay, en vez de atacar a la Iglesia. Pero a la Iglesia no se le permite siquiera musitar semejantes palabras. No pueden decir “pederastia”, deberían pretender que se trata de “pedofilia”. No se les permite  expulsar a un sacerdote homosexual, pues se les atacaría por “homofobia”. En los Estados Unidos, la enérgica defensa de la homosexualidad se ha convertido en dogma oficial. El tabú de “no ser tan amigo de los homosexuales” (la llamada homofobia) puede llegar a ser tan poderoso como el tabú de “no ser tan amigo de los judíos” (el llamado antisemitismo). Estos dos tabúes están tan bien intrincados en los Estados Unidos, que hasta mencionarlos se ha convertido en un tabú, y han aparecido dos delitos secundarios, el de “racismo”, derivado del delito de  antisemitismo, y “pedofilia”, un desprendimiento de aquello que se llama homofobia.

En Israel nos parece que no hay mejor forma de demostrar lealtad hacia la democracia americana y el liberalismo que emascular al hombre y des-feminizar a las mujeres. En nuestro Estado judío menor, es decir en Israel, las cosas cambiaron mucho, desde los días machistas de la Guerra de los Seis Días, cuando la homosexualidad no se toleraba, y el tuerto Moshe Dayan, ministro de defensa, se despachaba a todas las hembras del contingente; en aquél tiempo, el ejército israelí rechazaba a patadas a tres ejércitos árabes por semana. Ya la tendencia gay no se ve nada mal, a los ministros les forman juicio por besar a una muchacha, y al ejército lo derrotan unos pocos barbudos libaneses. Antes las chicas israelíes servían en el ejército como no combatientes. Su principal tarea era darse a ver bonitas y elegantes, lo que estimulaba a los chicos para pelear con ganas. Ahora siguen el ejemplo de Judit y Jael, usan  cascos, participan en los combates, y se parecen a nadadoras de Alemania Oriental formateadas con esteroides anabolizantes.

Cuando terminan su servicio militar,, con cueros cabelludos de palestinos a la cintura (en lugar de sus prepucios, lo que era la voluntad de Sansón) esta nueva generación de hembras sabra no sirve para novias o compañeras normales, y terminan en la colonia lesbiana en pleno auge en Tel Aviv. Mientras que los homosexuales masculinos suelen ser suaves, las hembras se inclinan hacia el mando, y son las que dirigen la mayoría de las organizaciones gay.  Se rumorea que Tsippi Livni, ministra de asuntos extranjeros y ex agente de los servicios secretos, tiene un pasado lesbiano, por lo que le regaló millones de dólares a la organización gay dirigida por sus patrióticas hermanas. Tradicionalmente independientes, las mujeres judías se han vuelto más soberbias aún ahora, tal vez porque cuando ya  sirven en las unidades de combate, ganan tanto dinero como los hombres, están protegidas de cualquier mirada cariñosa por una policía siempre en guardia. Ya tienen pelotas y se han convertido en hombres, pero además las estimulan películas que muestran mujeres ejecutivas y tajantes junto a tipos atolondrados, obedientes, inútiles y obsecuentes.

Los hombres se han percatado del mensaje. Si las chicas son tan fuertes como los chicos, pero exigen más y son más propensas a llevar a cualquiera a los tribunales, ¿para qué las quieren? Algunas estadísticas arrojan que el 20% de Tel Aviv es homosexual, otros apuntan tasas aún más elevadas. Gays y lesbianas tienen derechos plenos; adoptan niños, se reconocen sus “matrimonios” si los contraen en el extranjero, testan y heredan como tales, y se encuentran discriminados positivamente en tanto que empleados e inquilinos, pues tienen mayores ingresos disponibles, y no se embarazan. Además son realmente patrióticos: un poeta gay muy celebrado de Tel Aviv llamó a Israel a arrasar tanto Gaza como Beirut, y a quebrarles el cráneo a los árabes. Insisten en su derecho a servir en el ejército de ocupación. Sacan un beneficio extra de la ocupación: jóvenes cuerpos árabes baratos. Los gays con suerte se buscan un rinconcito apartado para compartir con muchachos que huyen del bloqueo y de las privaciones de un campo de refugiados, y las autoridades toleran esta violación del apartheid, mientras que una unión de contrabando entre hombre y mujer no se tolera.

Un proceso semejante tiene lugar en el “Estado judío mayor”, o sea en los Estados Unidos. Se empuja a las chicas al servicio militar, se vuelven filosas como uñas, y el resultado es que cada día hay más hombres buscando a otros hombres, y naturalmente a hombres más jóvenes. Los curas posiblemente no sean ninguna excepción. La culpa última no es de la iglesia, sino del movimiento feminista y lesbiano que defiende el servicio militar femenino, así como de  los medios que promueven esta actitud.

Ahora bien, si la violencia sexual hacia un niño o una niña, por parte de un adulto, no deja de ser un acto repugnante y criminal, es excepcional. Se puede puntualizar y estar de acuerdo en que se trata de un acto repugnante incluso si no se hace uso de violencia, pero uno debería estar consciente de que se trata de una cuestión de cultura más que de un juicio invariablemente correcto.

III

No podemos permanecer indiferentes ante los trabajos que esperan a  la Iglesia, pues tiene  potencial para cambiar los Estados Unidos.  El de convertirlos de un estado neojudaico y predatorio, que es lo que son en la actualidad, en un estado cristiano y amante de la paz. Sus obispos fueron  demasiado lejos en el esfuerzo por complacer al enemigo. Pero   han descubierto por fin que este camino lleva a la perdición. La próxima vez  podrán ser más valientes, si es que hay una próxima vez. Deberíamos defenderla contra estos ataques, tanto en los casos de “curas abusadores”, como en los casos de insinuaciones acerca de las relaciones de Pío XII con el Reich alemán. Sólo los inocentes y crédulos tratarán de ponderar los hechos inapelables detrás del tinglado, porque en realidad no tienen la menor relevancia. Todo es bluff, como lo demostró Philip Jenkins, un profesor de historia y estudios religiosos episcopaliano, de la universidad estatal de Penn, en su libro Pedófilos y sacerdotes, mientras que al papa Pío muchas veces ya se lo ha exonerado.

Esta última acusación es  una imagen especular, o una parodia de la acusación de Caifas, de la misma manera que la religión del Holocausto es una parodia de la fe cristiana. Según el dogma cristiano, Caifas entregó a Cristo a los romanos para que lo crucificaran, y de allí nace la hostilidad de la dirigencia y los sacerdotes judaicos hacia Cristo. Según el dogma del Holocausto, el papa hizo entrega de los judíos a los alemanes, lo que conforta la eterna enemistad de los devotos del Holocausto hacia la Iglesia. No importa que a nivel de los hechos, las acusaciones hayan sido refutadas muchas veces. Nuestro tenaz enemigo nunca se rinde, nunca reconoce su derrota, nunca acepta los hechos hasta que no le formen juicio a él.

¿Quién es el enemigo? Alguna gente menciona al lobby israelí por su gran control sobre los medios. En un panfleto famoso, se les llama los Sabios de Sión. Otros los llaman los illuminati. Yo los llamé los Maestros del discurso, los operadores de la maquinaria integrada que organiza la desinformación pública y el adoctrinamiento, desde el Wall Street Journal hasta Wikipedia. Miles de redes de difusión, periódicos, revistas, libros, filmes e ideas están centralizados y guiados por su mano invisible, mientras que el pensamiento libre sobrevive en los rincones apartados del web. La temible AIPAC no es más que la punta visible del iceberg, y debajo hay kilómetros de hielo sólido: dueños de los medios, grandes editoriales, y  mandarines, o sea, los Maestros del discurso, los que se han adueñado de la palabra. La base de su poder está en los medios, en su habilidad para crear una presentación falsificada de la realidad y desorientar a la gente. Hace poco, John Pilger describió aquello como el gobierno invisible.

Cuando los Maestros del discurso luchaban contra el comunismo, tenían un puñado de “hechos” ficticios que sacaban a relucir una y otra vez. Jugaban con números aterradores: los comunistas mataron a treinta, no, cincuenta, qué digo, sesenta millones de gentes, a pesar de que las estadísticas demográficas al alcance de cualquiera, libres en tiempos de la Unión soviética, convertían semejantes “datos” en algo tan milagroso como el alimentar a las multitudes con cinco barras de  pan. Inventaron el antisemitismo soviético, a pesar de que el gobierno soviético y el aparato de seguridad siempre contaron a muchísimos judíos en puestos elevados. Inventaron el totalitarismo soviético, a pesar de que el pueblo soviético apoyaba libremente a su gobierno. En lugar del santo Graal, tuvieron a Raúl Wallenberg, que pretendía haber sobrevivido milagrosamente y haber estado enjaulado en una mazmorra lejana. Ninguna investigación los hizo jamás reconocer sus inventos por lo que eran, es decir puras mentiras.

Ahora quieren destruir a Irán y  tener a Rusia discapacitada, porque son tierras que no han olvidado a Dios. Pelean contra la Iglesia, contra cada Iglesia, llámese comunismo o islam o judaísmo ortodoxo, o su enemigo tradicional, la Iglesia apostólica, porque cada iglesia defiende a sus ovejas contra sus robos y resiste sus oscuras maniobras para la dominación. La Iglesia afirma la primacía del espíritu, y la naturaleza del hombre a semejanza de Dios; esto es anatema para los Maestros del discurso. A un nivel más profundo, la Iglesia es su principal adversario, porque ellos  son una auténtica iglesia rival, la Iglesia de las tinieblas, y así no sufrirían competencia.

Por muy dominantes que sean, no son omnipotentes. No deberíamos tenerles miedo. No opera ninguna magia en sus imprecaciones. No tienen poderes divinos que los respalden. Son impostores. Explotan los viejos mitos de la humanidad, olvidando que nada funciona sin ayuda de Dios. Los maestros son gemelos de los sionistas; los sionistas decidieron arreglarlo todo para el retorno de Israel a la Tierra prometida, como se les prometiera a los ancestros. Pero este retorno tenía que ser obra de Dios, mientras que los humanos que procuran hacer la tarea de Dios son necesariamente rebeldes. Demiurgos porque sí, crearon un régimen infernal dirigido por sus fuerzas de seguridad, y arruinaron a la encantadora tierra de Palestina. El resultado fue tan miserable que el príncipe sionista Avrum Burg [el que era presidente de la asamblea de diputados] aconsejó hace poco a sus conciudadanos conseguir un pasaporte extranjero y emigrar.

Los Maestros del discurso están tratando de crear un  universo seudojudaico a escala planetaria. Su visión la plasmaron a lo grotesco los autores de los Protocolos, pero la realidad que propugnaron es un fracaso tan rotundo como el que sus hermanos establecieron en Palestina. El mismo gobierno mediante las fuerzas de seguridad, las campañas para asustar a la población, el mismo proyecto ideológico, la misma destrucción de la naturaleza, el mismo empobrecimiento del espíritu, el mismo desarraigar a la gente, la misma discriminación, las mismas guerras sin fin, todo esto alejadísimo de las promesas de los Profetas a los que quisieron emular.

Como rebeldes ante Dios, serán derrotados. Como charlatanes, serán desenmascarados. Su derrumbe es inminente. Pero esto no se logrará sin nuestro esfuerzo por difundir ampliamente lo que hemos comprendido, para que a su vez se vuelva comprensión general. Deberíamos rechazarlos del todo, tan rotundamente como cuando, al confesar nuestra fe,  nos comprometimos a hacerlo.

IV

La Iglesia es la herramienta más poderosa para la paz. La Iglesia puede llevarnos ya a la paz, con tal de que la defendamos abiertamente. Con el respaldo masivo del pueblo unido en torno a la Iglesia, las guerras del Medio Oriente ya entrarían a formar parte de la historia. Los americanos pueden volver la mirada hacia el este para hallar un ejemplo. Mientras la mayor iglesia apostólica de América se encuentra desangrada por dinero, en el Este tiene lugar un gran levantamiento espiritual. En Turquía, después de 80 años de dictadura materialista, la gente se volvió hacia Dios y votó por un partido de creyentes. Lo mismo sucedió en Palestina, en la Tierra del Señor, donde Hamás ganó las elecciones. Dondequiera en el Este, desde el Cairo hasta Moscú, el Este está quitándose de encima el pragmatismo helado de los regímenes ateos y volviendo a Dios.

Los americanos pueden sumarse a esta corriente. La Iglesia, la iglesia católica y su hermana  la iglesia ortodoxa, es el Islam occidental, y esto vale como alabanza. Existe positivamente un lugar para un Hamás católico incorporándose a los Estados Unidos y cambiando las reglas del juego, quitándole el mando a los hermanos laicos y gemelos que son los republicanos y los demócratas. Si el Islam logró recuperar el respeto y la gloria que le corresponden en la sociedad de Ataturk, violentamente antirreligiosa sólo desde tiempos recientes, si la ortodoxia hace lo mismo en la tierra de Lenin, entonces la Iglesia cristiana puede lograr lo mismo en USA, poniéndose de parte del pueblo, y el pueblo puede derrotar a su enemigo, poniéndose de parte de la iglesia.

Al mismo tiempo, el affaire de los curas abusadores pueden eliminar a la Iglesia católica en USA en cuanto fuerza independiente. Ya son cinco las diócesis que se han reconocido en bancarrota. Pero la Iglesia todavía puede sobreponerse: puede deshacerse de todas sus propiedades y transferírselas a los párrocos locales, echar a los colaboracionistas y sobrevivir… pobre, flaca y combativa, como sobrevivió en los días de los apóstoles. No debería darse por vencida sino aceptar el desafío. Puede guiar a América hacia la paz y la prosperidad por ser la gran fuerza positiva moral, puede exigirle a la administración Bush que se retire de Irak ahora mismo. Si la Iglesia se volviera más activa en la lucha por la paz, atraería a más gente. Incluso, una Iglesia americana independiente y autocéfala podría brotar de las iglesias apostólicas americanas, la ortodoxa y la católica, y su luz derrotaría las  tinieblas de la apostasía.

Desgraciadamente, algunos de nuestros amigos no terminan de entender esto, y se suman a los ataques contra la iglesia. Es como si un soldado de infantería fuera a unirse al ataque enemigo contra sus tanques, simplemente porque odia a los tanquistas.

El estandarte de los medios propalestinos es Counterpunch. Es uno de los mayores sitios web  amigos, y publican de hecho muchos artículos producidos por nuestros amigos. Pero en Counterpunch, uno no puede decir una palabra positiva acerca de la Iglesia, y de seguro no se puede mencionar a Cristo. Una búsqueda de la palabra “iglesia” en su sitio web, por google, demuestra que son tan duros con la Iglesia como el Jerusalem Post (Véase por ejemplo  www.counterpunch.org/sexabuse.html , www.counterpunch.org/jensen09282006.html , www.counterpunch.org/smith03092004.html etc)

Hace poco publicaron un artículo de un tal Badruddin Khan que era una acumulación de mentiras desvergonzadas: “Estas tácticas antiguas los cristianos las aplicaron a los judíos abiertamente hace apenas un siglo. La Iglesia católica dictó bandos que condenaban a los judíos por usar la sangre de niños cristianos para los ritos de la Pascua. Todos los judíos (tanto secularizados, conversos o casados afuera) estaban señalados e identificados como gente siniestra y merecedora del apartheid. Este apartheid de hecho hizo que el Holocausto, la implementación del mal, fuera posible.”

Esto es mentira y es una calumnia que sólo figura en los manuales sionistas más baratos. De hecho, los conversos siempre fueron bien recibidos por la Iglesia, y algunos de ellos ascendieron en sus rangos. La lista sería demasiado larga, desde san Pablo y san Pedro hasta san Juan de la Cruz y santa Teresa de Ávila, hasta los obispos dirigentes en la iglesia francesa y en otras. La iglesia sí condenó a aquellos judíos que usaban la sangre de niños cristianos para los ritos pascales o para cualquier otra finalidad; ¿acaso le caería mejor a Badrudin Khan si hubiera aprobado esta práctica poco ortodoxa? Y al final, la referencia al Holocausto es absurda. El régimen de Hitler era de lo más violentamente anticatólico. De hecho, fueron los pioneros del acoso a los supuestos curas abusadores que imitan ahora los medios yankis. Estoy segurísimo de que Counterpunch nunca se atrevería a publicar mentiras tan descaradas  acerca de los judíos, pero a la Iglesia sí se le puede atacar libremente.

Nuestros buenos combatientes Hill y Kathy Christison organizaron una manifestación frente a una catedral católica en apoyo al profesor Finkelstein, al que le negaron una cátedra [por su militancia antisionista], como escribieron en Counterpunch. Y yo les pregunté por qué no lo hicieron frente a alguna institución judía, alguna sinagoga, o logia del Bnai Brith, u oficina de la Anti Difamation League. Me contestaron: “tienes toda la razón cuando dices que en los Estados Unidos se puede ser anti-cualquier cosa salvo anti-judío o anti-israelí. El lobby israelí es tan  fuerte y maneja tanto poder político que ningún político o comentarista se atreve a criticar a Israel sin miedo de ser tachado de antisemita y excluido del discurso autorizado. Bajo el ceño del Holocausto ( eso que el lobby nos está restregando por las narices constantemente), poca gente quiere arriesgarse a la sospecha de ser antijudía, de modo que es un arma poderosa, y se vuelve cada día más poderosa a medida que pasa el tiempo.”

Manifestar frente a una iglesia católica es lo mismo que buscar una moneda perdida debajo de la lámpara, cuando sabes perfectamente que se te perdió donde no da la luz. Cunde la oscuridad frente a los establecimientos judíos, por lo cual deberíamos aventurarnos en la oscuridad para llevar allí la luz. Así es cómo actúa nuestra organización, Deir Yassin Remembered, que hace sus manifestaciones periódicas frente a las sinagogas. Y frente a las catedrales, deberíamos manifestar en apoyo a la Iglesia, no en contra de ella.

La Iglesia católica es una de las grandes campeonas de Palestina. Tiene un patriarca palestino, y defiende a Palestina. Todas las iglesias establecidas defienden a Palestina; las iglesias apostólicas toman el lugar director,  y los católicos las encabezan a menudo a todas. Durante el asedio judío a Belén en 2002, la Iglesia católica dirigía las acciones, y yo participé en ello (véase http://www.israelshamir.net/English/Convoy.htm ). Yo no soy católico, sino que pertenezco a la hermana autóctona y competidora, la iglesia ortodoxa de Tierra santa, pero en cierto sentido, la iglesia católica es aún más combativa que la nuestra.

Bill y Kathy no están de acuerdo: “la Iglesia católica seguramente hizo algunas cosas buenas para los palestinos, pero no lo suficiente, ni mucho menos. ¿Dónde estaba la iglesia desde que Israel oprime a los cristianos, incluyendo a los católicos, en Palestina? ¿Acaso hemos oído protesta alguna por parte de este papa acerca del amurallamiento y la devastación de Belén, o por parte del papa anterior cuando Israel sitió la iglesia de la Natividad durante la reinvasión de Cisjordania en el 2002? ¿Dónde estaba la Iglesia cuando Israel hizo limpieza étnica en tantas aldeas palestinas cristianas en 1948? Y por cierto, dónde ha estado la Iglesia en estos 60 años que Israel lleva oprimiendo a los creyentes de otra fe, los musulmanes, profanando lugares de culto musulmán y matando y acabando con la población musulmana, por el mero motivo de que no son judíos?”

He aquí lo que les contesté: la Iglesia católica hace lo más que puede, pero no puede hacer mucho, doscientos años después de Voltaire. Me preguntáis: “¿Dónde está la Iglesia, desde que Israel viene oprimiendo a los cristianos incluyendo a los católicos, en Palestina?” Con perdón, esto me suena a algo conocido, algo así como el retintín judío de “¿Y dónde estaba la Iglesia durante el Holocausto?” Stalin fue más realista cuando observaba que el papa no tenía muchas divisiones. En realidad, la Iglesia sí protestó ante cada crimen israelí. La Iglesia podría haber hecho más si no estuviera constantemente bajo el acoso del lobby judío, y de la gente socialmente influyente  que no entiende que está socavando este frente de la defensa de Palestina.

En épocas remotas la Iglesia encabezó la cruzada para liberar la Tierra Santa; pues bien, puede ahora encabezar la cruzada por la paz, con el mismo objetivo.

Traducción: María Poumier, revisado por Horacio Garetto.

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