Israel Shamir

The Fighting Optimist

Turquía es la clave

 

El lema israelí en acción: “donde no sirve la fuerza, aplastarlos con fuerza mayor”

 

Explotan bombas en Turquía en estos días, hay un derroche de asaltos y estallidos. Casi todos los días, mueren soldados y civiles turcos, y la culpa la tienen, de manera patente, los terroristas kurdos del PPK; pero en realidad se trata de un nuevo escalón en la guerra que está librando Israel contra la independencia de Turquía. El PPK ha extendido su zona de operaciones hasta las áreas turísticas del Mar Egeo y el Mar Negro, y se acerca a Izmir.

 

 

Los israelíes han armado, entrenado y abastecido a los terroristas kurdos durante muchos años; han convertido el Kurdistán iraquí en su nido de águila, donde muchos hombres de negocios hacen su business, a la espera del día en que el petróleo de Kirkuk llegue hasta Haifa, como sucedía en los tiempos de la administración colonial británica [¡el oleoducto todavía existe! Ndt]. Los kurdos llevan años actuando en la región como el brazo oculto de Israel; ahora los han activado, y esto demuestra que Israel sigue empeñado a darle una buena lección a los turcos.

 

El principal magazine neoconservador en USA, “frontpagemag.com” ha llamado abiertamente a los kurdos a replicar al apoyo turco a Palestina <http://frontpagemag.com/2010/06/24/turkeys-deception/> ; otro equipo judío de consejeros de derecha habla de movilizar al Congreso de USA para que condenen la tragedia armenia que ocurrió hace un siglo, como una manera de debilitar a Turquía [con la acusación retroactiva de genocidio] <http://blog.heritage.org/2010/06/21/congressmen-talk-turkey/>  . Después de muchos años de alianza con Turquía, el lobby judío ahora ha decidido  cambiar de bando y respaldar las reclamaciones armenias. De modo que Turquía se encuentra ahora acosada por todos lados. Era de esperarse, por aquello del dicho popular en Israel: donde no sirve la fuerza, aplastarlos con fuerza mayor.

 

Esta y no otra, es la explicación de la matanza de la Flotilla, el 31 de mayo de 2010. El ataque al Mavi Marmara debía desatarse para darle una paliza rápida y contundente a los turcos cada día más independientes. Los israelíes intentaron aterrarlos y someterlos por sorpresa; para esto es que ordenaron un baño de sangre a bordo del Mavi Marmara. Como se sabe ahora, los comandos israelíes empezaron a disparar mucho antes de encontrarse con la menor resistencia. Ellos no venían a jugar soft ball, sino que buscaban sojuzgar en el acto. El asesinato no fue el resultado de ningún momento de desconcierto o cálculo equivocado; era un ataque abierto contra Turquía.

 

El conflicto de Israel con Turquía no es un resultado desdichado del asalto mortífero. La confrontación entre ambos llegó a un punto crítico dos semanas antes de la masacre, el 17 de mayo de 2010. Ese día, junto con Brasil, Turquía había negociado y firmado la declaración de Teherán para un suministro de combustible nuclear junto con el marginalizado Irán. Y esta declaración podía descarrilar los planes US-Israelíes de sancionar a muerte Irán antes de bombardear el país.

 

Israel quiere un Irán destruido, tanto como quiso a Irak demolido, a Gaza hambreada y a los demás domesticados. El acuerdo de trueque socavaba toda la lógica que está detrás de las sanciones. Toda la conspiración de los lobbystas pro-israelíes en USA y Europa se encontraba barrida de golpe. Pues sí, como dicen los musulmanes: ¡ellos conspiran, pero Alá conspira mejor!

 

Israel recibió la noticia del acuerdo entre Turquía Brasil e Irán como una ducha fría. “Nos derrotaron esos turcos y persas aviesos”, decían los titulares de la prensa israelí. Bueno, no tanto, en realidad. El Departamento de Estado en USA minimizó el daño, preguntando concretamente: (http://www.haaretz.com/news/international/u-s-turkey-brazil-fuel-swap-deal-with-iran-is-too-little-too-late-1.292815) “¿a quién le importa lo que estos piojosos acuerden entre sí?” Si nosotros hemos decidimos bombardear a alguien, lo vamos a hacer y punto. Nunca dejaremos que los hechos nos confundan”. Thomas Friedman en el New York Times estaba desilusionado: ¿ por qué se le permite vivir todavía a un negador del Holocausto? , se preguntaba, en  http://www.nytimes.com/2010/05/26/opinion/26friedman.html.

Así pues, obviando con todo descaro el acuerdo, el Cconsejo de Seguridad aprobó las sanciones el 9 de junio. A Moscú y Pekín se les engañó o se les chantajeó para que votasen. China prefirió alinearse para evitar una confrontación acerca de Corea del Norte. El cuento del navío surcoreano que fue hundido ofrecía el pretexto para un ataque contra Corea del Norte, y semejante ataque hubiese causado mucho daño a China. Los chinos son también vulnerables frente a las ingerencias occidentales en Xinjiang y Tibet.

 

Los rusos recibieron unos regalos preciosos: Ucrania vuelve a las faldas rusas, a Georgia se le ha marginalizado, y el nuevo tratado sobre armas nucleares es mejor par aRusia que cuanto hubieren soñado. Al mismo tiempo, Moscú padeció un ataque terrorista  serio, de esos que le recuerdan a Rusia las capacidades que tienes sus enemigos para sembrar disturbios. Ahora bien, Turquía se negó a votar las sanciones, demostrando así que tiene un papel regional como nuevo eje de peso para el Medio Oriente.

 

El conflicto entre Turquía e Israel no empezó con el suministro a Irán, sino antes, en enero de 2010, cuando el diputado israelí y ministro de asuntos exteriores Dani Ayalon invitó al embajador turco y lo humilló públicamente: <http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-3833259,00.html> . Muy al estilo oriental, se le brindó asiento al embajador Chelikkol en un sofá más bajo que la butaca de Ayalón. Ayalon se negó al apretón de manos con el embajador, y le dijo a los periodistas en hebreo, al tiempo que filmaban las cámaras: “quisiéramos mostrar que acepta un asiento más bajo y que  sólo hay una bandera israelí en la mesa”.

 

A menos que el conflicto haya empezado un año antes: http://www.nytimes.com/2009/01/31/world/europe/31turkey.html , en enero de  2009,

Cuando el primer ministro de Turquía Recep Erdogan salió del escenario en pleno foro  económico de Davos. Erdogan se molestó porque un moderador occidental trató de cortar su respuesta al presidente israelí Shimón Peres que estaba justificando las masacres de Gaza.                 

 

Y también podría ser que la hostilidad empezara en septiembre 2007, cuando los aviones israelíes sobrevolaron Turquía para ir a bombardear Siria sin decir siquiera “con permiso”.

 

O incluso antes, cuando Truquía empezó a afirmar su independencia, al descartar la ideología anticuada del kemalismo de un siglo atrás. El nacionalismo laico de Mustafa Kemal Ataturk fue una trampa para lo que antes había sido el imperio turco. La brutal Turquía kemalista a lo “british” tenía que ser forzosamente miembro de la OTAN, enemiga de árabes e iraníes, cliente dócil de USA, aliada leal de Israel y castigadora de kurdos.

 

 

 

Y ahora corresponde darle las gracias a los europeos, pues impulsaron el giro reformista. En negociaciones sin fin con Turquía, la Unión europea exigió que aflojara la garra de hierro del ejército sobre el poder. Sin este amable empujón de parte de Europa, en Turquía seguiría mandando algún general sionista o encargado de otros generales sionistas. A partir del momento en que la gente se liberó del mando militar, los turcos dejaron de lado su laicismo violento, haciendo las paces con el islam y con sus vecinos.

 

Yo visité Turquía en la Navidad última, y tuve encuentros con los activistas que se estaban preparando para la expedición a Gaza. A Turquía le va bien: no padece crisis económica,  sino crecimiento sostenido, logró la paz con los kurdos, está laborando en un acuerdo de paz con los armenios, y ofrece un perfecto equilibrio entre religión y libertad. El que quiera puede ir a rezar a una preciosa mezquita otomana restaurada, y el que no quiera puede ir a un café a tomar excelente vino turco. A las chicas no se les obliga ni a enseñar el cogote ni a taparse los brazos.

 

“ ¡Hemos perdido a Turquía!”, dijo Robert Gates, el secretario de defensa de USA, y condenó la Unión europea por negarse a integrar a Turquía  en la UE <http://spectator.org/archives/2010/06/14/who-lost-turkey-not-europe/> . Pero nosotros debemos agradecerle a Europa su negativa: no queremos que Turquía ingrese en Europa, sino que necesitamos a Turquía para nosotros, para nuestra región.

 

Hay un gran proyecto andando: crear una Unión del Oriente Medio, como algo equivalente a la Unión europea. Este es el lugar que le corresponde a Turquía, encabezando esta nueva formación. En cierto sentido, será la restauración del imperio otomano, de la misma forma que la Unión europea es una restauración del imperio de Carlomagno. La diferencia es que Europa estuvo fragmentada durante siglos, mientras que nuestra región está unificada desde 1917. Aun si la unión política total sigue siendo una perspectiva lejana, conviene empezar a dar pasos hacia el objetivo.

 

Ya existen tratados de libre comercio entre Turquía y sus vecinos árabes; la dimensión espiritual está presente, pues Estambul fue la última sede del califato. Ahora Turquía puede establecer una Corte internacional de justicia  a nivel regional, para los problemas regionales, como por ejemplo los excesos sionistas. Europa todavía no se ha liberado del control sionista, y por eso es que la Corte internacional de justicia y el Tribunal penal de La Haya no son lugares adecuados para juzgar a los criminales sionistas. Más aún, la ubicación actual de estas sedes, por decisión europea, recuerda la prepotencia eurocéntrica de antaño. Una corte regional también podrá tratar en forma convincente el caso de los criminales de guerra en Irak ocupado y otros países del Oriente Medio. Se podría invitar a participar a grandes juristas como Richard Falk o al juez Goldstone [que redactó el informe demoledor para Israel sobre el ataque a Gaza en diciembre 2008].

 

Instaurar  en Oriente la Corte internacional de justicia sería un paso decisivo y realista hacia la paulatina descolonización de la región y su futura unificación en una Unión del Medio Oriente.

 

Traducción : María Poumier

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